Unas pocas corporaciones concentran en sus manos la mayor parte de la riqueza mundial. En este reportaje te explicamos cómo unas pocas multinacionales dictan, no solo la economía y la política mundial, sino también lo que comemos, lo que debe gustarnos y lo que debemos consumir.

¿Quien Gobierna el Mundo?

Un ejemplo: Ana Patricia Botín, Consejera de Sanidad, y al mismo tiempo, miembro del Consejo Administrativo de Coca-Cola…¡alucinante!  y así un tristemente larguísimo etcétera.

Es posible que todos estos asuntos te resulten algo aburridos o que se te ponga mal cuerpo cuando oyes hablar de conspiraciones económicas, pero es que cuando un@ empieza a rebuscar un poco bajo la tierra, salen a la superficie algunos datos susceptibles de hacernos sospechar que vivimos en un estado de auténtica esclavitud, disfrazado de “cultura del bienestar”. Y aunque resulte incómodo, y por mucho que nos guste gastar en navidad o tener un sinfín de cachivaches electrónicos en el hogar que nos faciliten la vida, ahora más que nunca es necesario reflexionar sobre el estado de nuestro mundo, y sobre el impacto que tienen en él las decisiones políticas y económicas, y nuestro consentimiento o desidia ante esas decisiones. ¿Qué clase de mundo vamos a dejar a nuestros hijos? A mí me aterra pensar en eso.

Los medios de comunicación

Los medios de comunicación, especialmente los convencionales (los que llegan a muchas personas), son una herramienta de publicidad extremadamente eficaz para “facilitarnos la comprensión del mundo” sin que tengamos que reflexionar sobre nada; que nos definen una realidad que todos parecemos haber acatado sobre quiénes son los buenos y los malos, y qué es la globalización, el primer mundo, el tercer mundo, etc.

Es fácil manipular a la población si se la convence de que para poder disfrutar de una vida cómoda y feliz, es necesario empobrecer a otros países o contaminar el planeta. Nos hacen creer que necesitamos este estilo de vida, disponer de todo de tipo de aparatos, vestir la última moda o asegurarnos de tener un coche lo suficientemente potente. Pero… ¿Es necesario que nuestro coche tenga tropemil caballos? ¿Es necesario, de verdad, disponer del último modelo de móvil? ¿Y a cambio de qué disfruto yo de esas cosas?

Son muchos los periodistas que en numerosas ocasiones se ven limitados por la “línea editorial” de expresar libremente sus verdaderas opiniones. Linea editorial que, evidentemente, está manejada por las altas esferas económicas. Por no hablar de la publicidad directa, la que nos marca e indica qué debo comprar o tener para que todos los demás no me señalen con el dedo.

Loretta Napoleoni asegura en su libro “Economía Canalla” que somos millones de personas normales atrapadas en un “Matrix” de consumismo, un mundo irreal donde creemos vivir la panacea, siendo en verdad víctimas manejadas por los intereses económicos de unas pocas familias en el mundo.

Las multinacionales que controlan el mundo

Un estudio de la Universidad de Zurich reveló que son 147 las multinacionales que gobiernan el mundo y dictan la economía (principalmente bancos y petroleras). Las conclusiones del estudio señalan cómo estas empresas están interconectadas entré sí a través de juntas directivas formando una gigantesca estructura o “super-entidad” que controla la mayor parte del mercado mundial.

John Driffil, experto en macroeconomía de la Universidad de Londres, explicó en la revista New Scientist que lo interesante de este estudio no es señalar quien controla la economía mundial, sino la clara prueba de las estrechas conexiones entre las corporaciones más importantes del mundo.

Los movimientos anti-globalización señalan a entidades como el BM, FMI, OMC, G8 o el Foro Económico Mundial como responsables del malestar mundial. Algunas de estas entidades aparecen ante la opinión pública como democráticas, pero… bien pensado, ¿qué es el G8? Una muestra bastante evidente de cómo los países más industrializados se reparten el pastel.

Rockefeller ya lo decía alto y claro: “Se trata de sustituir la autodeterminación nacional por la soberanía de una élite de técnicos y financieros mundiales”. No se puede ser más directo.

La Comisión Trilateral

En una reunión anual del Grupo Bilderberg (que congrega a las personas más adineradas y poderosas del mundo), David Rockefeller propuso la creación de una “Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad” (tiene narices la cosa), que tuvo una gran acogida y que finalmente se llamó Comisión Trilateral, cuya supuesta finalidad era la de fomentar la colaboración entre EEUU, Europa y Japón, y cuyo primer encuentro tuvo lugar en Japón en 1973. Por supuesto esta entidad reúne a muchos de los personajes más influyentes del mundo, entre los que destacan los ex-presidentes George Bush Jr., Jimmy Carter, o Bill Clinton.

En España, estos son algunos de sus miembros:

    • Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate (Duque consorte de Alba)
    • Ana Patricia Botín (Consejera delegada de la filial británica del Grupo Santander, y miembro del Consejo de Administración de Coca-Cola)
    • Jaime Castellanos (empresario del sector de Medios de Comunicación)
    • Alfonso Cortina (Ex-presidente de Repsol)
    • Pedro Miguel Echenique (Físico, miebro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas)
    • Esther Giménez Salinas (ex-rectora de la Universidad Ramón Llull y Consejera del Grupo Santander)
    • Abel Matutes (exministro de Asuntos Exteriores)
    • Ignacio Polanco (Presidente del Grupo PRISA)
    • Borja Prado (Presidente de Endesa)
Como ves, los hay de todos los gustos, colores, gremios e ideologías… pero eso sí, todos ellos miembros influyentes que toman decisiones políticas a la vez que ejercen cargos directivos en empresas privadas. ¿A quién crees que benefician?

Y lo mejor de todo, las reuniones de estos personajes tan influyentes en nuestra sociedad pasan prácticamente desapercibidos para la opinión pública.

Teoría de la conspiración

Sí, efectivamente parece algo exagerado afirmar que detrás de los desastres del mundo y de la manipulación de la población se esconden personas que, deliberadamente, actúan para beneficiarse a costa del sufrimiento de los demás. Pero… ¿Cómo se entienden, entonces, las decisiones adoptadas por estos grupos? Recordemos que no estamos hablando de una especie de fuerza abstracta, sino de caras concretas, de nombres y apellidos, de familias y dinastías que efectivamente marcan las doctrinas económicas. Seguramente no se trate de una conspiración abierta en la que estas personas, con una risa diabólica, se jacten de destruir el mundo en beneficio propio, sino más bien de un sistema que se ha ido forjando con el paso de los años, de hábitos adquiridos, de personas sin escrúpulos cegadas por el poder que son incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

¿Y que pasa con el resto de nosotros? Pues el resto de nosotros aquí estamos, viéndolas venir, permitiendo que unos pocos nos indiquen cómo vivir. Creyendo que tenemos poder cuando nos dirigimos a las urnas, consintiendo que millones de personas mueran cada día de hambre, trabajen en sistemas de auténtica esclavitud, viviendo una fantasía sobre la seguridad y la prosperidad.

¿Cómo nos manipulan?

    • Haciéndome creer que ese último modelo de móvil es imprescindible para mí.
    • Haciéndome creer que necesito todo tipo de productos específicos en el hogar, de higiene, de belleza… aunque sus componentes me destruyan el organismo, en lugar de limpiarlo o embellecerlo.
    • Haciéndome creer que si compro una casa tengo mayor riqueza, y que el banco es una entidad generosa que me presta el dinero para que yo pueda disfrutar de una vida mejor.
    • Haciéndome creer que la moda cambia por propia iniciativa de la gente, y que si tengo que renovar mi armario cada dos años es porque no me queda otro remedio, ya que si sigo llevando los pantalones de campana los demás me señalarán con el dedo porque no he entendido que eso ya no se lleva.
    • Haciéndome creer que votar sirve para algo.
    • Haciéndome creer que gracias a los transgénicos, habrá menos hambre en el mundo y mayor cantidad de alimentos.
    • Haciéndome creer que en lugar de centrar mi atención sobre aquellos que dictan las normas, es mejor centrarla en mis semejantes, que existen buenos y malos, que mi posición política es la correcta y que los que no piensan como yo son enemigos.
    • Haciéndome creer que seré más feliz consumiendo todo tipo de cosas perecederas y que ese nivel de vida y de felicidad, implica necesariamente la destrucción del precioso mundo en el que vivo.
    • Haciéndome creer que la maldad y el egoísmo forma parte intrínseca de la naturaleza del ser humano.
    • Haciéndome creer que viendo el telediario todos los días estaré muy informad@ de la “realidad” del mundo.
    • Haciéndome creer que que si luzco un bonito diamante valgo más, y que no tengo ninguna responsabilidad sobre las muertes que, por efectos colaterales, hayan sido necesarias para que yo pueda lucir ese diamante en mi dedo.
    • Haciéndome creer que las personas que luchan en los movimientos antiglobalización son perroflautas violentos, que las feministas son fanáticas desquiciadas, que los indigentes son vagos que deslucen las calles, y que los defensores de la teoría de la conspiración son pirados sin argumentos sólidos.
    • Haciéndome creer que la generosidad, el amor, la meditación, la empatía, la sinceridad, la honestidad y la integridad, son valores anticuados y poco prácticos que jamás me proporcionarán el éxito ni la felicidad, dada la sociedad en la que vivimos.

¿No tenemos ningún poder?

Responder a esta pregunta es difícil. En principio, siendo tantos, sí deberíamos tenerlo. Pero, ¿cómo ejercerlo? ¿votando?

Reflexionemos:

    • Cuando me posiciono políticamente acabo considerando a los que no piensan como yo, enemigos. ¿Y por qué? Al fin y al cabo sufren como yo, sienten como yo y padecen como yo. Seguramente son personas fabulosas convencidas, al igual que yo, de una postura irreal.
    • ¿Sirve de algo votar? Cuando cambia el color del gobierno se realizan algunos cambios sí, sobre todo cambios que ponen todo patas arriba solo para vender a la opinión pública que efectivamente el color del gobierno es determinante. Pero, ¿se trata de cambios sustanciales? ¿o lo más importante permanece inalterado? ¿Efectivamente afectan los cambios a los ciudadanos de a pie de una manera positiva y eficiente? ¿Efectivamente la derecha beneficia a los empresarios y la izquierda a los obreros? ¿O benefician todos a las grandes multinacionales que dirigen el mundo? ¿Efectivamente los partidos se comprometen con el ciudadano, sea del color que sea?
    • ¿Efectivamente nos representan los políticos? Cuando gastan dinero de las arcas, cuando viajan en primera, cuando se hacen regalos, cuando se benefician de las obras públicas, cuando contratan a empresarios amigos, cuando toman decisiones a su libre albedrío… ¿Nos representan? ¿Tenemos algún poder? ¿Podemos decidir sobre los cambios que nos conciernen? ¿Qué significa votar cada cuatro años? ¿Qué poder me otorga eso, en mi vida?

Sí, lo tenemos

Hacerse estas preguntas resulta algo doloroso. Pero hay un terreno algo más esperanzador: la economía. Ahí sí tenemos poder, como CONSUMIDORES. Como consumidores podemos obligar a una multinacional a cambiar de táctica, y con pequeños hábitos en nuestra vida podemos embellecer el mundo generando pequeños cambios en nuestro micro-espacio que generen un cambio a nivel global, como el efecto mariposa. ¿Cómo?

    • Dejando de consumir aquellas marcas que gobiernan y destruyen el mundo.
    • Abriendo lo ojos y despertando de la fantasía consumista.
    • Dejando de ver telediarios y leer periódicos que nos digan quiénes son los buenos y los malos, lo correcto o lo incorrecto, lo moderno o lo anticuado.
    • Leyendo literatura alternativa e independiente, escuchando abundantes y distintos argumentos y tomando nuestras propias decisiones.
    • Reflexionando sobre las consecuencias de nuestros actos.
    • Experimentando nuevos hábitos como abrigarse en lugar de poner la calefacción a tope, probar a ver que pasa si sigo utilizando el mismo móvil aunque esté viejo, usando la misma ropa que tenía el año pasado y que me protege del frío exactamente igual, luciendo mis imperfecciones, cuidando mi salud, usando todas las máquinas que tengo hasta que no den más de sí en lugar de comprar una nueva, ahorrando en todos los sentidos para economizar recursos naturales, valorando a las personas por lo que son, y no por sus ideas políticas.
    • Comprendiendo que todos somos iguales, que todos tenemos las mismas necesidades y obligaciones, y sobre todo, aceptando y reconociendo el hecho de que este mundo no nos pertenece a unos pocos, sino a todos.

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