En este artículo intentaremos responder a muchas de las preguntas que podrías hacerte sobre la lactosa y, concretamente, sobre la intolerancia a la lactosa.

Intolerancia a la Lactosa: Respuestas a tus Preguntas

En este artículo intentaremos responder a muchas de las preguntas que podrías hacerte sobre la lactosa y, concretamente,  sobre la intolerancia a la lactosa.

¿Qué es la lactosa?

La lactosa es un disacárido formado por la unión de dos azúcares simples, glucosa y galactosa. Se conoce también como azúcar de la leche y está presente en la leche de las hembras de la mayoría de los mamíferos en una proporción de entre el 4 y el 5%, aunque la leche materna contiene un 7,2% de lactosa.

¿La lactosa es siempre nociva?

En circunstancias normales la lactosa es bien absorbida por el intestino y puede pasar al torrente sanguíneo, proporcionando energía, desempeñando varias funciones biológicas y participando en procesos inmunitarios y neuronales.

Intolerancia a la lactosa.  Causas y síntomas

Para que nuestro organismo pueda absorber la lactosa, es necesario que sus dos azucares queden desdoblados, es decir, que sus moléculas de glucosa y galactosa se separen para ser absorbidas de forma independiente.  Para ello, resulta imprescindible una enzima que se produce de forma natural en el intestino delgado, llamada lactasa.  Decimos que somos intolerantes a la lactosa cuando nuestro organismo no es capaz de generar la lactasa, o no la produce en cantidad suficiente para desdoblar la lactosa.

Así, en condiciones normales la lactosa es absorbida por el intestino delgado.  Pero si no poseemos esa enzima, o la tenemos en cantidades insuficientes, la lactosa sin desdoblar pasa al intestino grueso.  Allí, las bacterias de la flora intestinal del colon intentan fermentarla y se liberan gases que provocan los síntomas típicos de la intolerancia a la lactosa: gases o flatulencias, diarreas, vientre hinchado, dolor de estómago, espasmos e incluso vómitos, pudiendo incluso tener malestar, debilidad, nerviosismo o dificultad para dormir. También puede presentarse deficiencia en la masa ósea.

Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa puede presentarse, a veces, con una baja sintomatología o incluso estos síntomas pueden ser confundidos con cualquier otro tipo de problemas gastrointestinales.

Por eso, ante la duda, lo mejor es consultar con un médico para que éste realice el diagnóstico adecuado.  Se llega a él mediante una prueba de gases en la que el paciente, tras beber un vaso de leche debe soplar (en las 3 ó 5 horas posteriores a la toma).  A continuación se analizan los gases que se han formado.

Si la lactosa llega al intestino grueso sin ser digerida, las bacterias intentan fermentarla, como ya hemos comentado,  y se producen gases. El 80% de ellos se eliminan generando ciertas molestias estomacales y flatulencias y un 20% pasa a la sangre, llega al pulmón y se elimina con el aire aspirado.  De ahí la razón para el soplado. Si el hidrógeno y el metano está por encima de lo normal y el dióxido de carbono es positivo, quiere decir que hay intolerancia a la lactosa.

También puede realizarse el diagnóstico a través de un análisis sanguíneo de sobrecarga de lactosa, un test genético o una biopsia del intestino delgado.

Tipos de intolerancia a la lactosa.

Existen tres tipos de intolerancia a la lactosa:

      • La intolerancia a la lactosa primaria, que es la más común y se debe a la pérdida progresiva en la producción de lactasa intestinal, y, por tanto, pérdida de la capacidad para digerir la lactosa.   Suele darse en ciertos grupos étnicos que tradicionalmente no suelen consumir determinados lácteos.  Entre semitas, marroquíes y judíos aumenta el porcentaje de gente que sufre de intolerancia genética a la lactosa, siendo mayor que en ingleses o americanos, quienes han tomado leche de vaca durante mucho más tiempo.  También existen estudios que indican que la disminución en el consumo de lácteos lleva aparejado un descenso en la producción de la encima, al margen de la genética, provocando una intolerancia que anteriormente no había sido detectada.   Una vez que ha aparecido, ésta es progresiva y permanente y los síntomas van en aumento.
      • La intolerancia transitoria, secundaria o adquirida, provocada por alguna patología intestinal, o por trastornos digestivo puntuales, como úlceras, gastroenteritis aguda, que daña al intestino delgado y que disminuye la producción y actividad de la lactasa.  Esta intolerancia es transitoria ya que la función suele recuperarse en unas semanas.  En algunos casos, también aparece asociada a la enfermedad celiaca y a la enfermedad de Crohn.
      • Y, por último, la intolerancia congénita, causada por una mutación del gen de la lactasa, que provoca la ausencia completa de la producción de lactasa. Es una enfermedad extremadamente rara que se produce desde el nacimiento.

¿Qué ocurre si una persona con intolerancia toma lactosa?

No hay que alarmarse ni preocuparse si un intolerante ingiere lactosa, simplemente sufrirá una serie de síntomas desagradables como hinchazón de vientre, diarrea, gases, etc. que irán remitiendo de forma paulatina a medida que se vaya eliminando la lactosa no digerida por el organismo.

No obstante, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, en un informe oficial, indica que debido a que la tolerancia a la lactosa es muy distinta entre unos individuos y otros, no se puede determinar un único umbral de lactosa para los intolerantes.  Hay sujetos en los que tras la ingesta de menos de 6 gr. de lactosa han presentado síntomas y otros que pueden tolerar hasta 12 gramos en una sola toma sin que aparezcan los síntomas.  Parece ser que incluso espaciando las tomas algunos individuos intolerantes a la lactosa pueden sobrepasar ese límite.

Sin embargo, los riesgos de darle alimentos lactosa a un niño pequeño con intolerancia, además de provocarle dolor, gases y/o distención abdominal, podría ocasionarle diarrea y llevar aparejadas deshidratación y problemas de absorción de nutrientes, lo que podría ocasionar un episodio de desnutrición.  Por ello es fundamental que un pediatra realice el diagnóstico.

 Suplementos de lactasa, ¿Una alternativa para los síntomas de intolerancia a la lactosa?

Si bien la solución más efectiva y segura para resolver los problemas de intolerancia a la lactosa es suprimirla o reducirla al máximo, existen complementos dietéticos de la enzima lactasa, en forma de comprimidos y cápsulas que, como hemos visto, es imprescindible para poder digerir los productos con lactosa.  Con esta enzima podremos metabolizar la lactosa adecuadamente en el intestino y reduciremos las molestias.  Su uso podría permitir a los intolerantes una dieta más flexible, pudiendo comer fuera de casa alimentos que no están 100% libres de lactosa. Igualmente, sirven de ayuda para consumir alimentos que nos encantan pero que no disponen de una versión apta para intolerantes a la lactosa.

No son considerados como fármacos, sino suplementos alimenticios.  Se recomienda usarlos de forma ocasional, cuando no se puede controlar lo que se come, como en bodas, comidas de empresa, etc.   Hay que tomarse la tableta o cápsula justo antes de comer, para que la lactasa y la lactosa se encuentren en el intestino y pueda desdoblarse este disacárido para poder ser absorbido.

Si bien no existen problemas para consumirlos de forma habitual, es necesario tener en cuenta que solo sirven para acompañar a una comida en concreto.  Además, es importante conocer la dosis adecuada, que depende tanto del nivel de intolerancia individual, como de la cantidad de lactosa que va a ingerirse.

Como ejemplo, en el caso de insuficiencias leves o moderadas una pastilla de lactasa de 4500 FCC debería funcionar para digerir la lactosa contenida en un vaso de leche (5 gramos de lactosa por cada 100 g. de leche entera).  Si la insuficiencia fuese entre moderada y fuerte, necesitaríamos doble cantidad de lactasa

En el siguiente artículo realizaremos un repaso sobre los cuidados en la alimentación para intolerantes a la lactosa.

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