Descubre algunas claves para educar a tus hijos en la inteligencia emocional y ayudarles así a convertirse en personas fuertes, capaces y libres.

Educar a tus Hijos con Inteligencia Emocional

En este reportaje te vamos a proponer algunas sugerencias para educar a tus hijos con inteligencia emocional, es decir, proporcionándoles las herramientas que necesitan para convertirse, con el paso del tiempo, en personas capaces, independientes y preparadas para la vida.

 

Educar con el ejemplo

Los niños y niñas copian patrones

La primera premisa importante es tener claro que nuestros hijos  no aprenden a partir de lo que les decimos, sino a partir de lo que ven. Es decir, aprenden copiando patrones.

Por lo tanto, algo esencial para educar a nuestros pequeños con inteligencia emocional es revisar primero nuestras actitudes en el día a día y reflexionar sobre sí de verdad estamos siendo consecuentes con lo que les pedimos, enseñamos o exigimos a ellos.

Por mucho que yo intente inculcar un valor determinado a mis hijos, si no predico con el ejemplo, es decir, si no lo practico, si no les enseño en vivo cómo se ejercita ese valor, difícilmente van a integrarlo.

La importancia de la coherencia

Nunca olvides que la mejor forma de educar y ayudar a los más pequeños, es siendo ejemplo de aquello que quieres ver en ellos:

Si quieres que aprendan a respetar, respeta tú primero

Si quieres que tengan paciencia, muéstrales lo que es tener paciencia

Si quieres que sean libres, muéstrales cuál es el camino de la libertad

Si quieres que sean sinceros, háblales con sinceridad

Si quieres que se quieran a sí mismos, quiérete tú primero

 

Educar Seres Humanos, no Máquinas

Vivir de forma automática

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad muy industrializada y la mayor parte de las veces parecemos máquinas en lugar de seres humanos.

No tenemos tiempo, trabajamos sin parar, huimos de las emociones y nos dejamos llevar por los automatismos del día a día, sin tiempo ni serenidad para reflexionar sobre si, en verdad, estamos viviendo la vida que queremos vivir.

Al hilo de lo anterior, nuestros hijos e hijas copian todos los patrones.

Vivir de forma auténtica

Si quieres educar a tus hijos con inteligencia emocional y quieres que se conviertan en seres libres y felices, muéstrales cómo vivir de forma auténtica.

Arriésgate a llevar a la vida que quieres llevar, muéstrales cómo se hace eso de escuchar lo que te dice el corazón y seguir el camino de la autenticidad.

Háblales de lo que sientes, de tus miedos, de tus anhelos… no pretendas que se conviertan en máquinas perfectas que no sienten ni padecen. Integra en tu propia actitud diaria lo que es vivir con inteligencia emocional.

 

Educar desde la madurez

Primero tú y luego tus hijos

Como decíamos antes, los niños copian patrones. Por lo tanto, algo esencial que debemos plantearnos antes de emprender una auténtica educación inteligente y emocional, es revisar nuestras propias conductas erróneas o tóxicas.

Solo cuando nos hemos tomados las molestias de conocernos de verdad, de habernos trabajado interiormente; solo cuando hemos hallado nuestras propias respuestas, podremos orientar a nuestros hijos con verdaderas sabiduría.

No vivir de espaldas al dolor

Educar en la madurez también significa no engañarles sobre lo que se van a encontrar en la vida. ¡Cuánto daño nos hacen las películas americanas que nos hacen creer que todo depende de la voluntad! ¡O que la vida siempre tiene preparado un final feliz! ¡O que la vida es como un cuento de hadas!

Es cierto, a veces la vida nos ofrece momentos mágicos y extraordinarios. Pero también es cierto que en la vida, nadie escapa al dolor. Es importante que preparemos a nuestros hijos parque sepan afrontar tanto el éxito como el fracaso; para que sepan mantener la alegría o la serenidad tanto en los momentos buenos como en los malos.

Si vives de espaldas al dolor, a la enfermedad, la muerte, la pérdida o el fracaso y enseñas a tus hijos a vivir de espaldas a estos factores inevitables de la vida, no dispondrán de herramientas o recursos con los que hacerles frente. Y esos momentos llegarán, tarde o temprano, porque nadie escapa a ellos.

Recuerda la frase célebre: “Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar la cosas que sí puedo cambiar, y sabiduría para distinguir la diferencia”.

 

No educar en la sobre-protección

Dejar que se tropiecen

Otro de los errores que cometemos con mayor frecuencia es evitarles el dolor a toda costa, es decir, sobre-protegerlos, sin darnos cuenta de que precisamente el tropiezo, el fracaso o el error es lo que les proporcionará los recursos para aprender a manejarse en la vida con independencia y autoestima.

Si constantemente les rescatamos, si no permitimos que se equivoquen, si no tenemos la paciencia de esperar a que aprendan por sí mismos de sus propias experiencias, jamás podrán desarrollar sus propios recursos internos. Permitir que se tropiecen y acompañarles mientras ellos mismos se levantan, es educar con inteligencia emocional. 

Confiar en ellos y en la vida

Tampoco podemos olvidar que vivimos en una especie de “cultura del terror”, gracias a los informativos y las noticias terribles que constantemente aparecen en TV.

Vivir en sí es un riesgo y si no estamos dispuestos a sumir ese riesgo… ¿Para qué vivir? No podemos educar a nuestros hijos en la cultura del miedo, haciéndoles creer que el peligro acecha en cada esquina. Debemos confiar en ellos y en la vida.

Hay muchos padres y madres que prácticamente no dejan que sus hijos hagan nada (por miedo a que les ocurra algo malo), que nos les quitan el ojo de encima ni un momento, que limitan su espacio hasta lo enfermizo…. ¿Cómo van a desarrollar su auto-confianza si lo que ven es que no confiamos ni en ellos ni en la vida? Con la sobre-protección solo conseguimos que crezcan pensando que el mundo está lleno de peligros y que desarrollen una coraza tan grande que les impida vivir con auténtica plenitud.

No se trata de desocuparnos de ellos, ni mucho menos. Pero debemos controlar nuestro propio miedo y nuestras propias inseguridades, e ir permitiendo poco a poco que ellos mismos se adentren en su propia vida.

 

Comunicación y confianza

También encuentro a muchos padres y madres quejarse de que sus hijos no confían en ellos, que no les cuentan las cosas que les sucede cada día en el colegio o con los amigos y amigas. Es curioso que muchas veces solamente se enteran de ciertas cosas cuando hablan con otros padres o con el tutor.

Pero… ¿Cómo esperamos que se comuniquen si no les enseñamos a hacerlo? Para que nuestros hijos sean sinceros, tenemos que practicar la sinceridad.

No hace falta que les cuentes las verdades más crudas sin ningún tipo de filtro, pero sí puedes confiar en ellos y explicarles lo que eres y lo que sientes con sinceridad y suavidad al mismo tiempo, de forma de ellos puedan entenderlo. Si no les explicas que te sientes mal, cuando te sientes mal… ¿Cómo esperas que lo hagan ellos? Si no les hablas de tus fracasos ¿Cómo esperas que lo hagan ellos?

Si quieres que tus hijos se comuniquen contigo de,  forma auténtica, íntima y real, tendrás que predicar, de nuevo, con el ejemplo.

Hay un libro que os quiero recomendar: De mayor quiero ser… Feliz y que me parece maravilloso para leer a tus hijos.  Con un lenguaje sencillo, te facilita herramientas para resolver algunas crisis o para ver situaciones cotidianas desde la perspectiva de las emociones y los valores.
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