Nos han educado para manejarnos desde lo racional cuando, en realidad, las emociones son una extraordinaria herramienta que nos permite conocernos en profundidad y trabajar el crecimiento personal y el autocontrol

5 Claves para usar las Emociones en el Crecimiento Personal

El mundo de las emociones y los sentimientos es un territorio absolutamente complejo cuya gestión puede determinar, en gran medida, nuestra felicidad y crecimiento personal.

Manejar, comprender, analizar y usar las emociones para evolucionar sufriendo lo menos posible es un ejercicio que conviene poner en práctica cuanto antes.

1. Sentir emociones para conocer

Utilizar todos nuestros recursos personales es una forma de ahorrar energía vital y vivir con mayor armonía. Y cuando hablamos de utilizar todos nuestro recursos personales nos referimos a no dejar de lado ni nuestra parte racional (esencial para numerosas aplicaciones pragmáticas del día a día) ni tampoco la parte emocional.

Cualquier emoción que sentimos ante los acontecimientos de la vida (incluso los que consideramos más insignificantes) nos está proporcionando una valiosa información sobre quiénes somos y qué queremos o qué no queremos. Prestar atención a esas emociones que surgen es la mejor forma de conocernos y, conocernos, es la única vía para poder proporcionarnos felicidad y bienestar.

Hay personas que sienten verdadero terror a sentir, tanto lo bueno como lo malo, tanto las emociones dolorosas como las placenteras, y se encierran en una especie de dormitar emocional en el que se sienten más seguras. Pero si no sabemos lo que sentimos, es imposible que lleguemos a conocernos.

Prestar atención a las emociones no es lo mismo que dejarse arrastrar por ellas. Prestar atención significa dejarlas fluir para poder escucharlas desde la serenidad y tomar, después, las decisiones oportunas o realizar los cambios necesarios.

Muchas veces, la mente nos juega malas pasadas con razonamientos que, en muchas ocasiones, vienen predeterminados por nuestra educación y creencias. Sin embargo, las emociones son información en estado puro. Nos hablan de quiénes somos en realidad, sin etiquetas, sin juicios ni prejuicios.

Las emociones instaladas en el corazón, las tripas o en los impulsos, son la voz interior que nos grita. Ahora bien, una vez escuchada esa voz, la valentía para asumir el autoconocimiento y realizar los cambios oportunos con honestidad, es esencial. Quiere esto decir que muchas veces, cuando por fin nos damos permiso para escucharnos, puede ocurrir que aquello que nos dice nuestra voz interior no nos guste nada o los cambios necesarios para corregir algo sean demasiado dolorosos y ello nos impida ponernos manos a la obra.

2. Sentir el dolor para crecer

Por muy incómodo que resulte, las experiencias dolorosas son, casi siempre, las que más nos enseñan y las que más nos hacen evolucionar.

Incluso aunque sea una experiencia placentera la que nos hace evolucionar, cuando llega el momento de cambiar, llega también el dolor, porque cambiar (evolucionar) siempre implica renunciar a algo.

En esta sociedad nuestra hiperactiva en la que, desde luego, no se premia la lentitud ni el recogimiento, es difícil encontrar el coraje, el tiempo y las ganas de volverse hacia uno o una misma y escucharse, sobre todo si lo que se tiene que escuchar es doloroso.

Sin embargo, permitirse vivir el dolor, es la forma más rápida de superarlo y evolucionar, y eso lo sabe cualquiera que haya tenido la valentía de experimentarlo. Como dice el Tao, “si quieres que algo mengüe, debes antes permitir que se expanda“. La propia naturaleza no tiene ningún complejo en expresarse. Cuando llueve, llueve y cuando hace sol, hace sol, y cuando viene un huracán, llega el huracán y tras él la calma total. Así funciona el mundo y así deberíamos permitirnos funcionar también… fluyendo sin juicios ni prejuicios.

Muchas veces pensamos que son las circunstancias externas las que nos causan dolor y hacemos todo lo posible por cambiarlas. Cuando estamos tristes, enseguida corremos a echar unas copas con las amistades o a mitigar de cualquier forma el dolor. Sin embargo, no nos damos cuenta de que la verdadera clave reside en nuestro interior. Jamás podremos controlar lo que ocurre fuera de nuestros y nosotras, pero controlar nuestras emociones sí es algo posible y necesario. La cuestión es que, para poder controlar nuestras emociones, primero debemos saber qué sentimos y para poder saber qué sentimos, es necesario pararse y escucharse, sobre todo cuando llega el dolor.

Escuchar las reacciones adversas que tenemos, la rabia, la tristeza, el desamor… todas esas emociones nos están hablando de nuestro interior, de lo que necesitamos, de nuestros complejos, miedos y de todos aquellos territorios que requieren ser explorados y reparados.

3. Sentir emociones sin prejuicios ni etiquetas

En algún momento de nuestras vidas hemos aprendido que ciertas cosas son “buenas” y ciertas cosas son “malas”. Sentir las cosas buenas es muy respetable (generosidad, amor, compasión, entrega, etc) pero sentir cosas malas no está tan bien visto (rabia, celos, tristeza, miedo)… lo cual es una auténtica pena, porque si nos permitiésemos sentir todo, seguramente se desvanecería mucho más rápidamente.

Dejarse fluir no significa que si tenemos ganas de pegar a alguien lo hagamos. Significa ser consciente de que, efectivamente, tenemos ganas de pegar a alguien sin ocultar que esa emoción existe. Cuando percibimos lo que sentimos sin cortapisas, dándonos permiso para sentir lo que sea que ruge por dentro, podemos analizarlo y ponernos manos a la obra: qué lo produce, por qué, cuáles son las causas y consecuencias o qué podría yo hacer para gestionarlo mejor.

De igual forma que las experiencias dolorosas son, muchas veces, magníficas herramientas de desarrollo personal para crecer y evolucionar, las emociones que consideramos “negativas” nos advierten sobre quiénes somos y los aspectos sobre los que hemos de trabajar. Si constantemente ignoramos, tapamos o evitamos sentir ciertas cosas porque las consideramos negativas, no solo no conseguimos evolucionar, sino que es bastante probable que, tarde o temprano, esas emociones reprimidas estallen y salgan al exterior de una forma mucho más violenta que si, simplemente, las hubiésemos escuchado desde el principio.

Por ejemplo, si considero que alguien es injusto conmigo pero yo insisto en no querer ver las emociones que estar con esa persona me despierta porque, de alguna forma, me parece que me haría quedar mal, y sigo agradándola contra mi voluntad o haciendo cosas que en verdad no quiero hacer, lo más probable es que más pronto que tarde termine por estallar en un conflicto más desagradable que si desde el principio, simplemente, hubiese dicho “no” a las cosas que no quería hacer.

Es en este sentido donde mis emociones, tripas o impulsos me dan una información importante sobre quién soy y cómo puedo efectuar cambios beneficiosos para mí y para los demás.

4. Contagiarse de emociones

Las emociones son más contagiosas que una gripe y si no, recuerda lo triste que te pusiste la última vez que alguien te contó una tragedia o el ataque de risa que te entró tras escuchar a fulanita que cuando ríe, ríe con ganas.

Una vez que hayamos aprendido a prestar atención a nuestras emociones y tengamos más información sobre nuestra propia persona, sobre las cosas que necesitamos, las que nos gustan o desagradan, los aspectos sobre los que necesitamos trabajar, podemos echar mano de algunos trucos que pueden resultar muy útiles, en este caso, el contagio de emociones.

Si ya sabes que lo que necesitas es, por ejemplo, introspección, soledad, silencio, etc, procura elegir personas a tu alrededor que favorezcan estas necesidades. Si, por el contrario, lo que necesitas es romper con tanta responsabilidad y divertirte, entonces sería mejor elegir gente que, de verdad, sepa divertirse.

Esto puede parecer una obviedad pero, por alguna extraña razón, solemos pasarlo por alto con frecuencia. Bueno, en realidad sí existe una poderosa razón: el miedo. Miedo a romper con lo anterior, miedo a decir basta, a decir adiós, etc. Si llevamos tiempo sintiendo un gran vacío interior pero insistimos en elegir amistades divertidas pero vacías, trabajos que nos estresan, que nos ocupan el tiempo necesario para no pensar ni sentir pero que nos alejan de la autorrealización, parejas que nos evitan la soledad pero que generan un vacío aún mayor cuando escarbamos un poco… no es obvia la solución? Claro que sí, pero realizar los cambios oportunos no es fácil, sobre todo cuando es el miedo el que nos acompaña, en lugar de la ilusión.

El lado positivo del contagio de emociones es que siempre estamos a tiempo de elegir. Si lo que sentimos de momento es miedo en lugar de ilusión, siempre estamos a tiempo de retomar aquella amistad, de llamar a aquella persona valiente que conocimos una vez, de ver tal película inspiradora o leer tal libro… siempre estamos a tiempo de dejarnos seducir y contagiar por la ilusión de otras personas.

5. Usar las emociones para potenciar el autocontrol

Vamos a poner como ejemplo la emoción de la ansiedad, que es bastante común a día de hoy y muy interesante como herramienta de trabajo, ya que los beneficios pueden observarse rápidamente.

¿Quién en esta sociedad, en los tiempos que corren, no siente ansiedad con cierta frecuencia? Pocas personas, seguramente. Si eres de esas que sí la sienten, úsala para realizar un ejercicio que te vamos a proponer. Si no quieres trabajar sobre la ansiedad puedes hacerlo sobre cualquier otra emoción (euforia, tristeza, miedo, etc).

Te proponemos un ejercicio de meditación sobre la emoción que consiste, simplemente, en observar a emoción, en dejar que venga, que fluya, que se expanda para conseguir justo todo lo contrario… que desaparezca. Para ello, cuando sientas que llega una emoción fuerte que te hace sentir que pierdes el control (como la tristeza, la rabia, el pánico, la ansiedad, etc), presta mucha atención. Lo ideal es que lo experimentes, si puede ser, a solas, en silencio, en algún lugar que permita la concentración.

Analiza la emoción: ¿Dónde está? ¿En qué parte del cuerpo la sientes? ¿Puedes ponerle un color? ¿Y un olor? Siéntela, siéntela del todo, deja que venga a ti, explórala, conócela, pregúntale por qué ha surgido y qué quiere enseñarte. Te aseguramos que, si prestas atención y realizas este ejercicio con seriedad, las respuestas llegarán bastante rápido. Y sobre todo, lo más importante, en cuanto permitas que esa emoción se manifieste en ti, la escuches, la percibas, la aceptes… empezarás a notar cómo su intensidad baja poco a poco hasta desaparecer o, al menos, hasta tener bastante menos poder sobre ti.

te puede interesar de nuestra tienda…

CD Shakti Mantras

MP3 Shakti Mantras