Somos lo que pensamos, sí, y muchas otras cosas también. En este reportaje analizamos de dónde vienen nuestros pensamientos, si podemos o no cambiarlos, qué significa la ley de la atracción y si tiene o no tiene sentido practicarla.

Somos lo que Pensamos… ¿O no?

Somos lo que pensamos, sí. En esto casi todo el mundo está de acuerdo. Pero, personalmente, pensamos que, además de ser lo que pensamos, somos muchas otras cosas.

Lo que pensamos tiene un gran efecto, sí

Evidentemente, nuestras creencias ejercen un gran impacto en nuestras vidas.

Si estoy convencida de que tener éxito requiere un gran esfuerzo, lo más seguro es que, durante toda mi vida, haya tenido que esforzarme muchísimo en conseguir cualquier cosa y jamás me de la oportunidad de dejar que la vida o las personas me “regalen” éxito o felicidad sin mucho esfuerzo. Lo más probable es que, si alguna vez detecto una situación fácil, una posibilidad de beneficio inmediato, de alguna manera lo boicotearé o le buscaré defectos porque, en el fondo de mis creencias, estoy convencida de que nada que valga la pena es “gratis”. ¿Comprendes?

En el ámbito de la salud, la premisa de que somos lo que pensamos es aún más evidente.

Cada vez que tenemos un pensamiento, nuestro cuerpo produce y secreta hormonas y otras sustancias que son lanzadas al torrente sanguíneo y que, por supuesto, tienen un efecto y un impacto real en todo el organismo. Por ejemplo, una situación de estrés prolongada debilita considerablemente el sistema inmunológico, o, cuántas historias hemos conocido de personas que literalmente “mueren de pena”.

Es más, cada vez más profesionales de la salud observan las emociones y los pensamientos como raíz fundamental de las enfermedades físicas, y utilizan la psicoterapia como principal método de curación a nivel global.

Por lo tanto, en este sentido estamos de acuerdo: somos lo que pensamos. Pero la cosa no es tan fácil. Como siempre, el ser humano es una obra mucho más compleja.

Pero somos un compendio de cosas

De acuerdo, somos lo que pensamos, pero… ¿Qué es lo que pensamos? ¿De dónde sale? ¿por qué pensamos lo que pensamos? Y, lo que es más importante, ¿Podemos cambiar lo que pensamos?

Todo lo que somos (es decir, lo que pensamos), viene de nuestra:

    • Herencia genética: Nuestro ADN contiene información genética a muchos niveles. Del mismo modo que las células de nuestra nariz saben qué forma tomar para parecerse a la de nuestros antepasados, nuestras neuronas también tienden a establecer las mismas conexiones, es decir, a pensar las mismas cosas que pensaban nuestros padres y madres.
    • Infancia: La infancia es la etapa que más peso psicológico tiene en nuestra vida. Aquello que nos ocurre durante la gestación y durante los primeros años de nuestra vida tiene un impacto determinante en la forma en que nos percibimos y percibimos el mundo.
    • Entorno: Por supuesto, las experiencias que vamos teniendo a lo largo de la vida van modificando nuestra personalidad y nuestra forma de entender el mundo y, con ello, nuestros pensamientos.

Y ahora, la gran pregunta…

¿Cómo cambio eso?

¿No es un poco ignorante pensar que esta estructura puede cambiarse fácilmente? No es que no creamos que la visualización o el hecho de forzarnos a cambiar nuestras creencias limitantes no sean terapias más que efectivas, pero leer en el famoso “El secreto” que simplemente pensando en dinero aparecerá en mi buzón un cheque en blanco… nos chirría un poco, la verdad.

La existencia es extremadamente compleja (compleja para nuestra mente limitada). Si la vida es capaz de transmitir información de generación en generación a través de nuestro ADN, pretender cambiar esa información de un plumazo solo por leer un libro, no nos parece muy factible (quizá es una creencia limitante nuestra:)

Según nuestra opinión, por supuesto es posible cambiar considerablemente nuestra realidad cambiando nuestros patrones de pensamiento. Pero eso sí, ello requiere:

    • Acción: No basta con pensar o decir; hay que hacer. Cualquier cambio implica un plan de acción. Por mucho que yo piense que hablar en público es fácil, en algún momento tendré que hablar en público para llevarlo a cabo.
    • Compromiso: Tampoco basta con hacerlo una vez. Para poder cambiar mis creencias y con ello mi realidad, mis neuronas han de chismorrear sobre el mismo asunto una y otra vez, es decir, tengo que practicar mucho, mucho, mucho.
    • Renuncia: Todo cambio implica una renuncia. Si quiero cambiar mi realidad, he de estar dispuesta a renunciar a mi anterior realidad y eso, no siempre es fácil. Muchas veces pensamos y decimos que queremos cambiar tal cosa, que seremos más felices haciendo tal otra, pero al final, no damos ningún paso en esa dirección. ¿No será que, a lo mejor no queremos cambiar nada? En este caso, obviamente, sería mucho más inteligente aceptar que, por muy glamourosa o envidiable que fuese mi vida de otra manera, a lo mejor soy feliz simplemente con lo que tengo.

¿Es necesario cambiar?

No paramos de escuchar en charlas, talleres, libros, cursos… que somos capaces de cualquier cosa; que en verdad, si lo deseamos, nos atrevemos, cambiamos nuestras creencias y nos esforzamos, podemos conseguir el mayor de los éxitos y ser super-felices. ¿No es esto una vertiente más de esta sociedad nuestra tan adicta al consumo? (en este caso, consumo emocional).

Del mismo modo que los anuncios de televisión me aseguran que algo me falta en la vida si no tengo este perfume o este detergente, algunas doctrinas y gurús me aseguran que también me falta algo si no soy un poco más feliz o más segura de mí misma.

Las personas que hablan de la ley de la atracción aseguran que hay que pensar en positivo, que hemos de pensar en las cosas que deseamos porque el universo está a nuestro servicio, siempre dispuesto a satisfacer nuestros deseos, pero… ¿No es eso un poco egocéntrico?

Yo formo parte del mundo y el mundo es muy complejo, y cada uno tiene sus propias necesidades. Por ejemplo, la familia Rokefeller seguro que practica muy bien la ley de la atracción económica, pero su actitud choca un poco con las necesidades de un niño africano. ¿Por qué el universo satisface a los Rokefeller?

O peor aún, a ver quién tiene el valor de hablarle a una madre africana de la ley de la atracción.

En fin, a nosotras, personalmente, estas teorías nos parecen un poco simplistas.

Una ley de atracción universal

El universo es complejo y todos formamos parte de esa estructura que estamos lejos de comprender, por lo tanto, nos parece más razonable pensar que todo obedece a un plan común y que unos nos servimos a otros porque todos somos la misma cosa.

Es decir, que la única ley de la atracción de vale es aquella que favorece a todo el mundo, que lo único que el universo está dispuesto a ofrecernos es aquello que sirva a nivel global.

Por ejemplo, quien sabe si, en algún lugar del mundo, hay alguien ahora mismo haciendo algo que será importante y necesario para mí, y yo, mañana, haré algo que tendrá un gran impacto en la vida de otra persona, sin siquiera saberlo.

Quizá todos y todas somos de una forma específica y pensamos de una forma específica porque somos necesarios para el mundo así.

No es que no seamos partidarias de cambiar aquellas cosas que nos limitan o nos hacen infelices, pero también hemos de tener en cuenta que no somos el ombligo del mundo, que en la vida (como dice el Tao) hay un momento para el éxito y otro para el fracaso y que, muchas veces, es más rentable (emocionalmente hablando) la serenidad de aceptar que el éxtasis de conseguir.

La gran cuestión es, si es la felicidad la finalidad de la vida, o si lo es la calma y la serenidad. A veces, lo que llamamos felicidad es una especie de éxtasis vital que, casi siempre, se parece más a una montaña rusa poco estable que a un estado de plenitud duradero. Sin embargo, la serenidad tiene un componente más estable.

Nos parece más bella una orquídea que un cardo, sin duda, pero el cardo tiene su función en el mundo y pedirle que se convierta en una orquídea puede resultar contraproducente.

Es un ejemplo simplista, sí, pero queremos decir con ello que, a veces, el esfuerzo que nos va a llevar cambiar algo puede tener un peaje más elevado que aceptarnos tal y como somos, aceptar que todo tiene su ritmo y su momento, y aceptar que, no hay mayor logro en la vida que ser una misma.

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