Qué es la obesidad, tipos de obesidad, por qué cuesta tanto adelgazar, las verdaderas causas de la obesidad, factores que adelgazan, las dietas milagrosas y el tratamiento natural y definitivo para adelgazar

Obesidad: Causas, Consecuencias y Factores para Adelgazar

La obesidad no se determina por la cantidad de kilos sino por la cantidad de grasa en el cuerpo. A partir de un 25-30% de grasa se considera obesidad.

Desgraciadamente, nuestras dietas industrializadas llenas de aditivos y sustancias químicas, junto con otros hábitos malsanos típicos de nuestra sociedad, han hecho que los índices de obesidad aumenten considerablemente, sobre todo en los países más industrializados. Actualmente, entre un 10 y un 50% de la población sufre obesidad. Y lo peor es que cada vez hay más obesidad infantil, algo extremadamente preocupante, ya que en los primeros años de vida se forman las células adiposas y se establece su futuro funcionamiento.

En este artículo analizamos las verdaderas causas de la obesidad, los tipos de obesidad, las consecuencias y su impacto en la salud y algunos factores que hemos de tener en cuenta antes de ponernos manos a la obra con un tratamiento efectivo.

Comprender las verdaderas causas de la obesidad

Podemos señalar como causantes de la obesidad a un trastorno en el metabolismo, diabetes, colesterol, deficiencias en el sistema inmunológico (que “milagrosamente” hacen que nuestro cuerpo no gestione bien su propia química), o incluso a la herencia genética.

Pero, según la medicina natural y las nuevas corrientes nutricionales,   esto no son sino más consecuencias de una sola causa primaria: no estar proporcionando al organismo aquello que necesita. Cuando nuestra alimentación es orgánica y equilibrada, cuando practicamos ejercicio y descansamos adecuadamente, cuando desterramos para siempre el estrés de nuestras vidas, cuando las emociones están satisfechas y el amor abunda a nuestro alrededor… adelgazamos de manera natural, el sistema inmunológico funciona perfectamente, el colesterol se equilibra solo, los trastornos metabólicos desaparecen, los virus no encuentran un camino en el que prosperar y las tendencias genéticas se quedan en eso, en una tendencia.

Por eso es muy importante que, antes de ponerte a comprar productos a lo loco o a seguir una dieta aberrante sin ton ni son, tengas un verdadero conocimiento de cómo funciona el organismo para que así puedas determinar qué producto es el que verdaderamente te conviene y qué dieta tiene sentido o cual te hará adelgazar momentáneamente pero intoxicará todavía más tu organismo a largo plazo (y con ello se agravará la situación).

Así pues, las verdaderas causas de la obesidad son las toxinas alimentarias, físicas y emocionales que nos rodean por todas partes. Es desagradable, sí, pero el primer paso para liberarse de ellas es mirarlas de frente:

Tipos de obesidad

Existen dos tipos de obesidad:

    • Obesidad Hiperplástica

      Se desarrolla durante la infancia, especialmente con malos hábitos de alimentación y consiste en un incremento de adipocitos (células grasas). Es decir, las personas que sufren este tipo de obesidad tienen unas células de tamaño normal, pero en mayor cantidad. Este tipo de obesidad permite un adelgazamiento más dificultoso, ya que al existir en mayor cantidad, se desencadena más rápidamente el proceso de hambre.

    • Obesidad Hipertrófica

      Se da cuando la cantidad de células adiposas es normal, pero estas se encuentran hinchadas, es decir, excesivamente rellanas de grasa.

Consecuencias de la obesidad

La obesidad en sí no es una enfermedad, pero el exceso de grasa dentro del cuerpo provoca una serie de disfunciones en el organismo cuyas consecuencias tienen múltiples manifestaciones:

En definitiva, la obesidad tienen consecuencias fisiológicas, ya que las personas obesas tienen una peor calidad de vida y tienden a vivir menos que las personas delgadas. Pero lo peor es que también tiene consecuencias emocionales, ya que estas dificultades, así como los absurdos cánones de estética sociales y la publicidad tirana, hacen que la autoestima se vaya mermando todavía más y ello genere un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

¿Por qué no puedo adelgazar?

Aunque solo hay un regla básica para adelgazar, que es comer menos de lo que se gasta, es cierto que algunas personas parecen estar excluidas de esta norma. Gente que come mucho y no engorda y viceversa. Aunque de momento esta información que te vamos a dar te parezca poco alentadora, no te preocupes, sigue leyendo porque el primer paso para afrontar una situación es conocer al enemigo y saber qué armas tenemos y cuáles no. Más abajo te hablaremos de las herramientas fundamentales para ponerse manos a la obra.

    • Personas delgadas y obesas

      Parece ser que las personas delgadas tienen, en general, un gasto energético mayor que las obesas cuando están en reposo. ¿Por qué? Porque el hígado de las personas obesas, así como sus células adiposas, tienen una adaptación mucho más rápida a los cambios alimenticios, de manera que, cuando se las priva de alimento y luego se vuelve a ingerir, tienen mayor capacidad para retener y acumular el sobrante. Además, el exceso de células grasas hace que las personas obesas sientan más hambre que las personas delgadas.

    • Molestias durante la dieta

      Cuando se empieza a perder grasa, se producen algunas reacciones algo molestas en el organismo. Por ejemplo, se produce más acetona (olor en el aliento y la orina, dolor de cabeza, dolor de tripa, vómitos, etc). No obstante, el hecho de que ocurran estas molestias significa que la dieta es la adecuada y que se están produciendo los cambios convenientes. Por otra parte, suele presentarse también durante el primer período de adelgazamiento una retención de líquidos. En este sentido debemos tener precaución de no abusar de plantas o suplementos diuréticos ya que, aunque de momento ayuden a eliminar líquidos y con ello a adelgazar, en verdad reducen la capacidad natural del organismo para depurarse por sí mismo y cuando se dejan de tomar la situación puede haber empeorado.

    • El efecto rebote

      Es bastante frecuente que al principio de la dieta, notemos resultados evidentes pero que, llegado cierto momento, parece que la evolución se estanca. Este es un momento muy delicado al que debemos prestar mucha atención. Si tiramos la fuerza de voluntad por la borda y volvemos a una dieta deficiente, el organismo, como explicábamos antes, tomará las reservas indiscriminadamente ejerciendo un efecto rebote de mayor obesidad. Por eso es importante saber qué ocurre en este momento para tenerlo presente y poder así mantener la ilusión y seguir avanzando en el camino. ¿Qué ocurre, entonces? ¿Por qué se estanca el progreso? Pues porque tras una primera fase, el organismo tiende a la estabilización, pero eso no debe desmoralizarnos. Después de una rápida pérdida de peso, el cuerpo se estabiliza y la pérdida de grasa es más lenta, aunque progresiva. Por eso es importante no tirar la toalla en este momento, sino seguir con la dieta y los hábitos que nos lleven a un resultado definitivo.

En seguida te hablaremos del reportaje donde te contamos todas las claves para adelgazar con éxito y de manera definitiva, pero antes, sigamos conociendo al enemigo.

Las dietas milagrosas

No vamos a entrar ahora en el asunto del interés comercial y en el gran daño que eso provoca en la sociedad a todos los niveles. De momento, lo único importante es que queden claros algunos  conceptos:

    • Las dietas milagrosas son un engaño. Efectivamente se puede hacer una dieta de detoxificación o un ayuno responsable y controlado que genera grandes beneficios al organismo. Pero para llevar a cabo cualquier cambio en la alimentación, es imprescindibles estar bien informado para saber discernir aquello que tiene sentido de aquello es una auténtica aberración, como el caso de las dietas hiperprotéicas (de hecho, el exceso de carne y proteína animal es una de las causas principales en el desarrollo de innumerables patologías de nuestra sociedad, según las corrientes más vanguardistas de nutrición)
    • Cantidades y comidas al día. Una cosa es que durante uno o dos días hagamos un ayuno o una dieta depurativa, y otra cosa es la dieta regular. Para esta, es necesario comprender que las cantidades van en relación al gasto energético y que, indudablemente, para adelgazar hay que comer poco (y bien). La cantidad de comidas al día es un asunto relativo que tiene que ver, sobre todo, con las costumbres personales de cada cual. Hacer varias comidas al día es bueno para aquellos que necesiten tener algo en el estómago y evitar así los ataques de ansiedad por comer y hacer solo tres comidas al día conviene a aquellas personas que prefieran comer abundante aunque sea menos veces. La cuestión es que, se siga una tendencia u otra, es importante comer poco pero, insistimos, alimentos nutritivos de calidad.

Tratamiento natural de la obesidad

Aunque, como hemos visto, adelgazar no es un asunto fácil para las personas obesas, aquí viene el contrapunto: La buena noticia es que sí se puede. Se puede cuando nos comprometemos de verdad, de manera activa y cuando seguimos no solo una dieta, sino un cambio profundo en nuestro estilo de vida en todos los sentidos. Comprar el producto milagroso de turno, hacer la dieta milagrosa de turno o someternos a una cirugía no son sino parches momentáneos. ¡Deja de engañarte! Porque, mientras tanto, lo único que consigues es seguir perdiendo dinero y autoestima. Si quieres adelgazar hay una forma de hacerlo, una manera que conlleva cambios profundos y un verdadero compromiso.

Llevar a cabo un tratamiento saludable y definitivo de la obesidad es un asunto delicado y complejo que requiere ser abordado desde diversos factores. Puesto que no puede ser expuesto en pocas líneas, te recomendamos que leas nuestro artículo obesidad: tratamiento natural definitivo donde te explicamos todas las claves, los pasos, las herramientas, la dieta, los hábitos y los suplementos indicados.Por supuesto, si lo haces de la mano de un profesional de la medicina o dietista, mucho mejor, especialmente en lo que se refiere a la motivación, ya que no es lo mismo llevar a cabo la tarea en soledad que junto a alguien que vela por nosotros y comparte nuestros logros.

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