Aunque todos los anuncios de Navidad nos hablan de amor y generosidad, la Navidad es cada vez menos solidiaria y son muchas las personas que sufren verdaderas depresiones navideñas. En cualquier caso, tanto si adoras la Navidad como si la detestas, te animamos a celebrar una Navidad alternativa.

Navidad Alternativa

En este reportaje te hacemos algunas sugerencias para poder sobrellevar la Navidad sin morir en el intento, sin caer en depresión profunda y sin quebrantar algunos valores morales imprescindibles.

¿Es bonita la Navidad?

Para los peques y  las grandes multinacionales, sin duda. Para el resto… la cosa tiene matices.

En los anuncios de televisión la Navidad es una celebración, pero en la práctica, la Navidad solo es un acto de gran opulencia (para los que pueden), de derroche y egoísmo. Si nos miramos el ombligo con inocencia podemos llegar a sacarle mucho partido, sin duda, pero cuando alzamos la vista más allá y reflexionamos un poco, lo cierto es que la Navidad es tristemente insolidaria:

    • Las ciudades se iluminan y es precioso pasear por ellas al anochecer, pero… ¿no escuece un poco el gasto que ello genera, teniendo en cuenta la situación económica de millones de personas en el mundo, en nuestro país sin ir más lejos?
    • ¿No es un poco indecente atiborrarse de opulentas e indigestas comidas  cuando hay personas en el mundo que no pueden llevarse a la boca un trocito de pan?
    • ¿No es un poco estúpido comprar regalos y comida justo cuando son más caros?
    • ¿No sería más inteligente celebrar la vida y divertirse cuando el cuerpo nos lo pida?
    • ¿Qué pasa con los que han perdido a alguien? ¿Qué pasa con los padres y madres que no pueden regalar nada a sus hijos? ¿Qué pasa con los que no tienen nada que celebrar? Para ellos, la Navidad es doblemente dolorosa.
    • ¿No es verdaderamente cruel tener que soportar los infames programas de televisión y la insoportable tortura de los anuncios publicitarios?

Una Navidad alternativa

Reunirse con amigos y familia, hacer una cena especial, ofrecer un regalo hecho a mano con el alma, hacer un estupendo viaje o incluso comprometernos con nuestra religión o vida espiritual, es algo que podemos hacer cualquier día, siendo bastante más respetuosos y solidarios con el mundo.

Dar un paseo por cualquier ciudad en la mañana de Año Nuevo es un ejercicio bastante desolador: los contenedores, el suelo y las aceras llenos de cajas y plásticos que envenenan la tierra y sobras de comida que otros (los olvidados) mendigan. Es un pensamiento pesimista, sí, pero real, por muy incómodo que resulte tenerlo en cuenta.

Es cierto que aunque yo coma o gaste menos, no arreglo los problemas del mundo, pero es un acto de respeto y consideración, en lugar de una burla. Una sola persona no puede cambiar el mundo, pero pequeños actos de muchas personas sí generan el efecto mariposa en el mundo entero, para bien y para mal.

¿Qué tal si celebramos la Navidad con un poco más de responsabilidad y moderación?

Una Navidad auténtica

    • Si celebras la Navidad por un compromiso religioso, entonces sé consecuente con ello. Celebrar el nacimiento de Jesús es lo más antagónico a derrochar en un centro comercial.
    • Si celebras la Navidad por un ideal, porque crees en el amor y la generosidad, entonces practica con el ejemplo. El mayor acto de generosidad que podemos hacer no es dar limosnas ni ver películas moralistas mientras perpetuamos costumbres insolidarias,  sino ser responsables y coherentes. La austeridad y la moderación son un verdadero regalo al mundo y, lejos de ser una tortura, puede enseñarnos muchas cosas.
    • Si celebras la Navidad porque te gusta divertirte, hay maneras responsables de hacerlo. Diversión no es sinónimo de opulencia o derroche. Diversión es sinónimo de humor y creatividad. Casi siempre, la verdadera felicidad viene de la mano de la sencillez.
    • Si celebras la Navidad por seguir la corriente, entonces prueba a dejar de hacerlo. Practica la valentía de no participar en algo en lo que no crees.

 

Los regalos de Navidad

Si te apetece celebrar la Navidad y no quieres salirte de las costumbres establecidas, pero quieres hacerlo con mayor responsabilidad y moderación, ahí van algunas ideas:

    • Si vas a gastar dinero, mejor que vaya a parar a manos de gente artesana que lo necesita más que las grandes multinacionales. Elige regalos artesanos, en lugar de productos en serie. Elige firmas pequeñas y ecológicas comprometidas con el planeta y contigo. Incluso puedes atreverte a hacer regalos a mano (un collar, un CD de música, un cuaderno lleno de frases bonitas y dibujos, un cuadro, etc).
    • Algo bastante habitual es regalar a los peques ochocientos regalos que no saben valorar y que olvidan a las pocas semanas (no es de extrañar teniendo en cuenta la inutilidad de la mayoría de los juguetes que se venden en la actualidad). ¿Qué tal si les enseñamos a valorar las cosas, incluso el dinero y el esfuerzo que cuesta conseguirlo? Recuerdo la gran ilusión con que esperaba, de pequeña, el único regalo de Navidad (siempre pedía el último disco de Michael Jackson). Recuerdo cómo lo escuchaba hasta la saciedad casi todos los días del año, el gran provecho que sacaba a ese único regalo y la inmensa ilusión con que lo esperaba. Pienso que el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos e hijas es enseñarles el valor de las cosas y el valor del cariño que ponemos en ese regalo. Y el peor, enseñarles a no valorar nada en absoluto, ni las cosas ni el cariño.

Las comidas y cenas de Navidad

Es cierto que el momento de sentarse a la mesa, repleta de suculentos platos, es un auténtico deleite para los OJOS y para el EGO. Pero no nos engañemos, no lo es en absoluto para nuestro cuerpo. Lo más habitual es que las cenas y comidas de Navidad consistan en platos absolutamente indigestos y llenos de grasas saturadas que flaco favor le hacen a nuestro organismo. Algunos dirán: “Sí, pero qué gusto da comerlo”. Bueno, ese gusto es solo gula que dura poco y dudo mucho que después de los entrantes, el primero, el segundo, el postre, el turrón y las copas, nadie diga: “mmm… qué bien me siento, qué ligereza, qué bien voy a dormir esta noche”.

Pero lo peor de todo es… ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué es necesario atiborrarse con la comida más cara? ¿Acaso no hay cientos de platos sabrosos, digestivos y baratos? ¿Qué sentido tiene hacerlo mal? ¿Por qué gastar un montón de dinero cuando podemos gastar poco en comida mucho más saludable? Por no hablar de las toneladas de comida que acaban en la basura. Parece que celebrar algo con un plato discreto y sencillo es pecado, o algo vergonzoso. Si se celebra algo, hay que celebrarlo con algo muy opulento, muy vistoso y muy caro. ¿Por qué?

¿No basta un plato sencillo? ¿No basta con el cariño de los que nos rodean? ¿No basta con las risas? Si eres de esas personas a las que sí les basta con eso, piensa que un sencillo plato de verdura o cereal no desmerece en absoluto. Sobre todo si está está hecho con cariño y echamos mano de la creatividad para decorarlo con mimo.

La diversión en Navidad

Si te encanta divertirse en Navidad y en cualquier momento del año… ¡Perfecto! ¡En eso consiste la vida! En ser lo más feliz posible.

El problema surge cuando sentimos la obligación o la presión de tener que divertirnos para no sentirnos diferentes, porque es lo otros hacen o porque es lo que toca. ¿Qué tal si nos atrevemos a mostrarnos como somos?

    • Si para ti ir al centro comercial es un auténtico festín, perfecto, disfruta de la vida. Pero si detestas entrar en los centros comerciales, mucho más cuando están atestados de gente y precios desorbitados… no pises ni un solo centro comercial!
    • Si adoras a tu familia y te gusta aprovechar la Navidad para reunirte con todos, perfecto, no hay suerte mayor que la de contar con una familia amorosa. Pero si tu familia es un vertedero de dolor… no la visites!
    • Si eres de esa clase de personas a las que les encanta estar rodeada de gente, genial, reúnete y disfruta. Pero si eres una persona tímida que sufre con las relaciones sociales… reúnete solo con quien te haga sentir bien!
    • Si la vida te sonríe y quieres compartir tu felicidad, adelante, el mundo te necesita. Pero si estás pasando una racha mala y lo que necesitas es recogimiento e introspección, entonces no hagas nada que te haga sentir aún peor… quédate en casa si te apetece, viendo una buena peli o llorando si es lo que necesitas.

Todo esto parecen obviedades, pero lo cierto es que muchas veces nos vemos arrastrados por las costumbres y  los automatismos y aunque la Navidad se relacione con felicidad, son muchas las personas que atraviesan verdaderas depresiones navideñas.

¡Dejémonos llevar por la autenticidad! Si tenemos el corazón alegre, riamos. Si tenemos el corazón roto, dejémosle llorar. No hay nada más estúpido que reprimir la alegría (o al contrario,  simular una euforia inexistente) solo porque el calendario diga que ha llegado la Navidad, San Valentín o el día de los muertos.

Celebrar la Navidad y la Vida

Perpetuar costumbres saludables es hermoso; continuar tradiciones que favorezcan al mundo es hermoso. Pero la Navidad se reduce, cada vez más, a un derroche sin fundamento alguno, y eso es un poco triste.

Desde VidaNaturalia, te animamos a que celebres la vida, la Navidad y todos los momentos que merezcan ser celebrados. ¡Celebra con sencillez, con verdadero cariño, con creatividad y con responsabilidad!

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