Si tuviéramos que resumir en una sola palabra los hábitos, prácticas y actitudes que nos conducen a la felicidad, esta sería AMOR. Te proponemos un ejercicio para que el amor haga vibrar tu cuerpo.

Empezar por el Amor. Cómo Vivir Amorosamente

En este artículo te vamos a hablar de lo que significa vivir amorosamente. No queremos sugerir, de ninguna manera, que tengamos la verdad en nuestras manos, o que seamos el vivo ejemplo de lo que significa vivir amorosamente, ni muchísimo menos. Eso lo dejamos para Mattiew Richard, el monje budista considerado el hombre más feliz del mundo que sí debe saber lo que significa vivir amorosamente, seguro.

Lo que queremos es compartir contigo algunas ideas sobre el amor, sobre lo que significa vivir desde la coherencia y el afecto, según nuestras experiencias o suposiciones, porque nunca se sabe si una palabra podría inspirar a alguien, al igual que a nosotras nos inspiran las palabras de otros.

¿Por qué resumirlo con la palabra amor? Porque cualquier actitud positiva que gire en torno a nuestro bienestar, significa un acto de amor, en último término. Hacia nosotros y hacia los demás, pues cuanto más bellos nos vemos en el espejo, más bello percibimos el mundo en su totalidad. Es un camino de doble dirección, coherente, sin fisuras.

Todo es energía, y el amor también tiene ondas

Einstein fue el primero en definir una fórmula matemática capaz de medir la energía de cualquier cuerpo material en reposo: Energía = Masa x Velocidad de la luz al cuadrado. Es decir, a todo cuerpo le corresponde un valor de energía. ¿Qué quiere decir esto? Pues que todas y todos emitimos energía, que estamos rodeadas de energía, que la materia y la energía son dos caras de una misma moneda.

Todo lo que nos rodea es energía y ondas. La radio, los microondas, la luz que percibimos, los rayos X, el sonido, la temperatura… todo son ondas, nuestro cerebro emite ondas (alfa, beta, theta) y vibramos en ciertas frecuencias, incluso la tierra y los planetas. Es más, lo que tú ves no son colores, sino frecuencias que tu cerebro interpreta. Y lo que oyes no es música, sino ondas que tu cerebro reconoce como notas.

Hasta hace bien poco, utilizar la palabra “energía” en un entorno emocional o espiritual tenía connotaciones pseudocientíficas, relacionadas con gurús, sectas o teorías extrañas, pero lo cierto es que desde la antigüedad, las grandes culturas orientales han hablado de esa energía vital que lo genera todo -llamada Qui, Ki, Prana, etc.- y han sugerido que el amor, la consciencia o las emociones también “vibran”. Afortunadamente, la Física Moderna sugiere cada vez con más claridad que estas teorías son ciertas, aunque no siempre se pueda demostrar empíricamente.

Lo semejante atrae a lo semejante

Según estas teorías, cuando vibramos en cierta frecuencia atraemos más de lo mismo. De ahí la ley de la atracción. Cuando pensamos, actuamos o sentimos de una manera tenemos muchas más posibilidades de que las experiencias cargadas con esa vibración nos encuentren. Es decir, si nos sentimos víctimas y pensamos como víctimas, lo más probable es que lleguen verdugos a nuestra vida que efectivamente nos traten como a víctimas.

Si nos sentimos amad@s y amoros@s, lo más probable es que aparezcan en nuestras vidas personas, situaciones y experiencias relacionadas con el amor que, efectivamente, nos hagan sentir el amor.

Por qué el amor es el primero, el último y el único paso

Puede ser que no sepamos cómo atraer el amor a nuestra vida. Puede ser que no sepamos exactamente qué pasos dar en esa dirección, qué decisiones tomar, cómo comportarnos o qué cambios realizar. Pero una cosa sí es segura: si vibramos en esa frecuencia, el amor nos encontrará.

¿Cómo vibrar entonces en esa frecuencia? Pues atrayendo el amor de una manera intuitiva. Es decir, pensando en el amor, actuando con amor, sintiendo el amor, regalando amor, tratándonos con amor.

Cuando vibramos con esa energía, no hace falta que encontremos respuestas ni conceptos específicos desde la razón. No hace falta darle explicación a los acontecimientos, sino simplemente dejarnos llevar por nuestra naturaleza última, que es el amor, sin desentrañar su misterio.

Algunas ideas para vibrar en la frecuencia del amor

Cierra los ojos y, de manera espontánea e intuitiva, piensa en todas aquellas cosas que te dan calor, que te hacen sentir bien, en todos esos comportamientos y actitudes que te reportan felicidad, calma, seguridad y bienestar, y elabora una lista de compromisos o hábitos que sería estupendo incorporar a tu vida. Aquí van algunas de las ideas que se nos ocurren a nosotras, aunque puede que a ti se te ocurran muchas más (cuéntanoslas):

    • Cumplir con nuestra palabra, siempre, incluso en los asuntos más intrascendentes, es una demostración de integridad y eso es lo que atraeremos.
    • Ofrecer cariño y respeto es tan importante como saber recibirlo. Y para poder recibirlo es necesario rodearse de personas que también sepan dar y recibir, que nos faciliten el camino hacia la superación personal, que sumen; personas cuya energía nos enriquezca y nos incite a hacer cosas buenas por nosotr@s y por el mundo.
    • Utilizar la dulzura en las palabras y en los actos nos ayuda a ponernos en contacto con la energía amorosa. Cuando criticamos a alguien, al mundo, o cuando hacemos autocríticas, estamos desperdiciando nuestra preciosa energía. Hablar en positivo, atrae cosas positivas.
    • Las manifestaciones físicas del amor (un abrazo, una caricia, un beso) nos llenan de energía; es importante disfrutar de muchas de ellas al cabo del día.
    • No dejar escapar ningún acto de amor. Prestar atención a cada momento en el que la magia aparece significa valorarla, retenerla dentro, vibrarla. Si agradecemos y valoramos, estamos atrayendo gratitud y valor a nuestra vida.
    • Al buscar en cada acto y en cada experiencia una finalidad espiritual o mística, nuestra vida se hace trascendente. Si cuando hacemos el amor nos entregamos; si cuando escuchamos a un amigo llorar le ofrecemos verdadera comprensión; si cuando caminamos por el campo observamos el milagro de la vida, estamos liberando nuestro ego para ser uno con todo, y en ese momento el sufrimiento desaparece.
    • Cuando actuamos de acuerdo a nuestros valores, con honestidad, transparencia, valentía, humildad y esfuerzo, estamos atrayendo esta clase de valores en el mundo.
    • Aprender a escucharnos es todo un arte, y sin duda es amor. Pero la mejor forma de escucharnos es prestar atención a lo que sentimos, no a lo que pensamos. El agotamiento, la tristeza, el hastío, los castigos, la soberbia, y la rigidez no son buenos compañeros del amor. Hemos de elegir bien: un trabajo, unas relaciones, unos hábitos y una vida acorde con los fundamentos del amor.
Como resumen, yo suelo rumiar una pregunta que me encanta: ¿Cómo puedo embellecer el mundo? ¿Qué podría yo hacer, pensar o sentir que lo convirtiera en un lugar aún más bello?

Visualizar para atraer el amor

Visualizar el amor desde un punto de vista intuitivo significa sentir el amor. No se trata de fantasear con cosas que me gustaría que ocurrieran, mucho menos desde el miedo a que no ocurran, porque entonces estaríamos vibrando en la frecuencia del: no lo tengo, aunque lo quiero. No se trata de pensar, sino de sentir.

Para vibrar en la frecuencia del amor, es necesario experimentar el amor, percibirlo circulando por cada célula de nuestro cuerpo.

Te proponemos un ejercicio. Para ello, siéntate en un lugar cómodo, alegre, tranquilo, a ser posible en la naturaleza y respira profundamente varias veces, hasta que escuches algo de silencio en tu interior y sientas calma:

    • Imagina que estás en medio de una pradera llena de amapolas, rodeada de árboles frondosos, junto a un río. A tu lado están las personas que más quieres.
    • Escucha el río. Percibe en tu mente el sonido del agua, cayendo, tranquilamente, discurriendo por la rivera sin ningún esfuerzo. Escucha cómo el sonido del agua te calma y te llena de alegría.
    • Percibe el viento agradable que corre en la pradera. Siéntelo en todo tu cuerpo, en los brazos, en las piernas, en la cara. Escucha su rumor entre los árboles, en la lejanía.
    • Concéntrate en el color de las amapolas. Visualiza el color rojo intenso. Algunas están firmes y relucientes; otras se están marchitando. Todas son bellas.
    • Mira el sol. Siente su luz que lo impregna todo. Una luz dorada, dulce, cálida.
    • Ahora observa a esas personas con las que estás. Son felices, te quieren, las quieres. Te miran sin decir nada, con los ojos llenos de amor y comprensión.
    • Imagina que te cogen de la mano. Corréis por la pradera. Escucha sus risas, siéntelas. No hay conflictos. Todo es fácil. Solo hay amor.
    • Abrázalas una a una. Siente el abrazo, el calor, el contacto. Percibe con claridad los sentimientos y emociones que tienes. Deseas lo mejor para esas personas.
¿Sientes cómo está vibrando tu cuerpo? ¿Te has fijado en la enorme sonrisa que tienes puesta en la boca? Eso es la frecuencia del amor. Cuanto más la sientas, más la reconocerás y eso supondrá el baremos para medir las cosas que tienen sentido y las que no. Cada vez que tengas dudas sobre algo, si percibes esa energía vibrando dentro de ti, la respuesta es sí.

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