Saber cómo funciona el metabolismo de los alimentos es algo fascinante que nos permite cuidarnos mejor y no caer en los engaños publicitarios. Descubrir el camino que recorren los alimentos desde la boca hasta las células es fascinante y crucial para conocer la importancia de alimentarse bien

El Metabolismo: Recorrido de los Alimentos

La nutrición y los efectos que los alimentos ejercen en nuestra fisiología interna es un tema verdaderamente apasionante y, para comprometernos con un estilo de vida saludable, es necesario tener algunas nociones básicas. 

Para proteger nuestra salud de las falacias de la publicidad y los intereses económicos no queda otro remedio que contrastar siempre la información. Saber algo de nutrición y del metabolismo de los alimentos nos permitirá detectar los falsos reclamos publicitarios, que abusan en ocasiones de palabras científicas biensonantes. Sin embargo, una mínima investigación al respecto nos desvelará que la mayoría de las veces, esos datos no tienen fundamento alguno.

Nuestro milagroso organismo

Nuestro cuerpo es una máquina milagrosa que funciona en perfecta armonía, al menos mientras ofrecemos a esos diminutos soldaditos llamados células, que velan por nuestra salud, los nutrientes esenciales que necesitan para sobrevivir y trabajar con eficacia.

El metabolismo y los múltiples procesos fisiológicos que se producen en nuestro interior son asuntos verdaderamente sorprendentes cuando se miran de cerca y, aunque se trata de mecanismos muy complejos donde influyen multitud de variables y componentes, un mínimo vistazo nos ayudará a comprender el milagro de la vida y por qué vale la pena compensar los esfuerzos que nuestro cuerpo hace para mantenernos vivos y saludables.

Metabolismo de los alimentos

Nuestras células necesitan una serie de nutrientes para vivir que deben tomar de los alimentos que ingerimos. Para poder absorberlos, el organismo necesita descomponer los alimentos en moléculas sencillas que pueda asimilar y transportar. El recorrido que efectúan los alimentos, desde que los tragamos hasta que nos nutren de vida o los eliminamos, es largo y complicado. En este recorrido intervienen numerosas enzimas y órganos especializados en descomponer determinadas sustancias y eliminar los deshechos al exterior.

Para que nuestro cuerpo funcione de manera correcta durante muchos años, es imprescindible tener en cuenta las reacciones químicas derivadas de la alimentación. Para ello, es interesante saber qué es exactamente lo que nuestro cuerpo hace con lo que comemos. Vamos a repasar todo el recorrido metabólico de los alimentos para que puedas hacerte una idea general.

Las enzimas

Las enzimas son unos catalizadores bioquímicos (estimulan las funciones bioquímicas del organismo) absolutamente fundamentales en el metabolismo de los alimentos. No hace demasiado tiempo que se descubrió su existencia y, con el paso de los años y los estudios, cada vez es mayor el interés que despiertan en la comunidad científica y médica, puesto que ahora se tiene constancia de que las enzimas son una de las claves de nuestra salud y supervivencia.

Existen numerosos tipos de enzimas especializadas que se encargan de estimular diferentes reacciones químicas en el organismo. En cada parte del recorrido durante el metabolismo de los alimentos, entran en juego distintas enzimas que se ocupan de descomponer los alimentos según su composición molecular.

Los nutrientes que necesitamos para sobrevivir y que las enzimas se encargan de descomponer son: los hidratos de carbono o azúcares, que se convierten en glucosa; las proteínas, que se convierten en aminoácidos; y las grasas, que se descomponen en ácidos grasos.

La boca

La transformación de los alimentos comienza en la boca. Este es el único punto del trayecto en el que nosotros podemos intervenir ya que, al masticar, estamos favoreciendo una serie de acciones bioquímicas muy importantes para la correcta digestión y asimilación de los nutrientes.

Cuando masticamos y mezclamos la comida con la saliva, entra en acción una enzima llamada amilasa salivar (ptialina) que se encarga de empezar a descomponer los hidratos de carbono proporcionando para ello un medio alcalino. Puesto que la duración de la comida en la boca es reducida, la acción de esta enzima es limitada y, por ello, entrarán otras enzimas en juego más adelante.

Además, en la boca intervienen también sustancias antibacterianas que destruyen los microbios y convierten los alimentos en una masa mucosa, favoreciendo así su descenso por el tubo digestivo. Cuanto más tiempo permanezca la comida en la boca y más la mastiquemos y degrademos, más tiempo tendrán estas sustancias de actuar y facilitar la digestión, además de otras muchas benevolencias. Descúbrelas en nuestro reportaje la importancia de masticar los alimentos.

El estómago

El cardias del estómago es el encargado de permitir que la comida pase desde el esófago al estómago, pero no en sentido inverso. Solo cuando al estómago le resulta imposible llevar a cabo la digestión de un alimento, se abren las compuertas para expulsar la comida hacia el exterior.

Los hidratos de carbono necesitan, como hemos visto, un entorno alcalino para poder descomponerse. En cambio, las proteínas necesitan un entorno ácido que será suministrado principalmente por el estómago. Para proporcionar este entorno ácido, el estómago segrega diariamente hasta 1 o 2 litros de jugo gástrico formado principalmente de ácido clorhídrico, que descompone las proteínas en cadenas de aminoácidos gracias a una enzima llamada pepsina.

El problema es que si hemos ingerido muchas proteínas, este proceso de descomposición en el estómago (que aumenta su temperatura hasta 40º) llevará varias horas y, mientras tanto, los hidratos de carbono permanecerán a medio digerir y  fermentarán.

Las grasas apenas sufren alteración alguna en esta parte del proceso.

El intestino

Cuando el estómago ha hecho todo lo que ha podido, el bolo pasa a través de otra válvula llamada píloro hasta el duodeno. Aquí el organismo trabajará con un medio menos ácido para terminar de descomponer los hidratos de carbono y las grasas.

En este punto entra en acción el jugo pancreático, que contiene dos tipos de enzimas imprescindibles: la amilasa que termina de descomponer los azúcares (hidratos de carbono) y la lipasa que descompone las grasas. La bilis, almacenada en la vesícula biliar, se va lanzando poco a poco al intestino para ayudar a descomponer las grasas en pequeñas porciones de ácidos grasos.

Cuando el alimento va avanzando por el intestino, éste lanza otro jugo llamado jugo intestinal que vierte otro tipo de enzimas que terminan de descomponer los nutrientes que hayan quedado a medio digerir, sobre todo las proteínas, ya que son los nutrientes más complicados de metabolizar y son los que requieren más esfuerzo por parte del organismo.

Todos los nutrientes, que ya están descompuestos y listos para ser absorbidos atraviesan las paredes intestinales, y todos los residuos no digeribles junto con los minerales siguen el trayecto hacia el intestino grueso. Por eso es tan importante evitar el estreñimiento y mantener una buena salud intestinal.

Intestino grueso

En el intestino grueso aparecen una serie de bacterias y microorganismos llamados flora intestinal que segregan otras enzimas muy potentes que trabajan sobre los azúcares compuestos de la fibra. Los azúcares que se liberan son fermentados por las bacterias generando un tipo de ácido orgánico que también atravesará las paredes del intestino junto con el agua y con los minerales, dejando el resto de residuos seguir el trayecto hasta ser expulsados por el ano.

El transporte de los nutrientes

A través de las hormonas (mensajeros bioquímicos del cerebro), los nutrientes se reparten según su composición molecular por diferentes rutas:

    • Sangre: para uso inmediato
    • Hígado: para su transformación en otras sustancias
    • Tejido graso: como reserva de energía.

Las células se encuentran flotando en un espacio líquido separado de los conductos sanguíneos que se llama espacio intersticial. Los nutrientes, una vez que han recorrido los vasos sanguíneos, son depositados en el espacio intersticial para que las células tomen el alimento que necesitan.

Pero muchas veces, la membrana que recubre las células está rígida debido al exceso de toxinas. Entonces, el organismo debe forzar la presión sanguínea para que los nutrientes atraviesen las paredes de los capilares y lleguen a las células. Si no lo consigue, la sangre quedará saturada de nutrientes pero las células no podrán obtener la energía que necesitan. Por eso es tan importante no consumir alimentos procesados, llenos de sustancias tóxicas, aditivos y grasas trans.

Una vez que el nutriente accede a la célula, se liberan enzimas intracelulares que transformarán los nutrientes en las sustancias necesarias para proporcionar energía a las células y mantenerlas sanas y fuertes.

¿No te parece realmente fascinante?  ¿No te entran ganas de cuidar un poco tu cuerpo maravilloso que trabaja incansablemente para mantenerse vivo, saludable y lleno de energía? ¿No merece que le prestemos un poco de atención y facilitemos su trabajo?

Ahora que sabes algo más sobre los nutrientes y cómo llegan hasta tus células, quizá te resulte más fácil comprender la importancia de elegir alimentos saludables y rebosantes de enzimas vivas. Para ello, aprende a comprar ecológico y a distinguir productos de calidad. También te proponemos que revises algunos conceptos básicos de higiene alimenticia y que aprendas a elaborar tu propia dieta sana y equilibrada. Para ello, puedes utilizar como referencia estas propuestas sanas de desayuno, comida y cena.

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