Trabajar la elasticidad, la respiración y la concentración a través de las prácticas orientales para obtener beneficios físicos y espirituales.

Ejercicio Saludable: hacer ejercicio sí, pero… ¿cómo?

Hacer ejercicio es, sin duda, una práctica muy saludable en todos los sentidos, pero no todas las formas de hacer ejercicio y deporte son igual de eficaces si hablamos de salud. El ejercicio extremo contribuye al envejecimiento prematuro y predispone al organismo a sufrir más enfermedades. En cambio, la filosofía y las prácticas orientales unen con sabiduría los beneficios del ejercicio a nivel físico y a nivel espiritual, trabajando de manera simultánea la elasticidad, la respiración y la concentración.

Practicar yoga no es el único medio de practicar un ejercicio saludable, ya que existen otros métodos  más arraigados en nuestra cultura que nos resultan más familiares. No obstante, conviene analizar las bases de algunas disciplinas orientales para tener claro qué es lo más importante al practicar ejercicio, qué efectos tiene sobre el cuerpo y cómo elegir un deporte o disciplina que nos acerque a esos objetivos.

Hacer ejercicio en Oriente y en Occidente

La manera en la que abordamos el ejercicio físico en el Occidente moderno es muy distinta a la que se practica desde hace miles de años en Oriente. No se trata de “idolatrar” la cultura oriental como si no existiese nada mejor. Nuestra cultura tiene también, como todas, saberes interesantes y útiles. Pero en el caso del ejercicio físico, las disciplinas orientales tienen una forma de aplicarse a la salud muy interesante, por lo que no está de más aprovechar alguna de sus costumbres:

    • La finalidad

      Uno de los principales motivos por los que la gente va a los gimnasios en Europa o EE.UU es por razones estéticas, para obtener cuerpos más delgados y más atléticos. Siempre hay excepciones, claro, pero podríamos decir que una gran mayoría lo hace para acercarse al ideal de belleza de la sociedad occidental. Por el contrario, las disciplinas orientales contemplan un objetivo espiritual que sobre todo tiene que ver con la salud y con la vida.

    • Los movimientos

      Los movimientos que solemos practicar en una clase de spinning, aerobic, en las máquinas o en la mayoría de los deportes que practicamos en Occidente, son movimientos rápidos y rígidos que endurecen y contraen el cuerpo. Los movimientos practicados en las disciplinas orientales suelen ser lentos y rítmicos y tienen la finalidad de estirar y relajar el cuerpo.

    • La concentración

      La manera en que solemos abordar el ejercicio físico es en gimnasios, practicándolo sobre una música estridente y pantallas de televisión que captan nuestra atención, o en partidos de fútbol, baloncesto y padel, donde lo que prima es gritar y ganar. Mientras que las disciplinas orientales prefieren el silencio, la introspección y la concentración, como métodos más eficaces para conseguir mayores beneficios.

    • La respiración

      Aunque es importante tener en cuenta, en cualquier caso, el ritmo respiratorio a la hora de hacer ejercicio, las disciplinas orientales lo consideran un factor fundamental que se trabaja con la misma intensidad e importancia que el propio esfuerzo físico.

    • La espiritualidad

      La manera en que las civilizaciones modernas abordan el deporte, tiene más que ver con una superación personal vinculada a la competitividad; sin embargo, algunas prácticas tradicionales orientales, utilizan las disciplinas de ejercicio para conseguir una conexión completa del ser en los niveles físico, mental y espiritual.

    Evidentemente no es necesario ir a Oriente ni convertirse al budismo para poner en práctica estos factores, ya que podemos hacerlo dando un paseo o a través de otras opciones que veremos más adelante.

    Beneficios del ejercicio moderado

    En tiempos pasados, cuando la gente trabajaba en las labores del campo, no era necesario desarrollar una actividad física específica, ya que el propio trabajo al aire libre proporcionaba al organismo los beneficios necesarios con un ritmo adecuado. Pero la vida sedentaria, los ordenadores, las oficinas y las comodidades que nos ha traído la era industrial, hacen necesaria alguna disciplina que mantenga nuestro cuerpo atlético, flexible y lleno de energía.

    Cuando realizamos un esfuerzo físico moderado, podemos obtener innumerables beneficios:

      • Hacer ejercicio todos los días nos proporciona un sueño profundo y reparador por la noche, algo esencial para mantener la salud.
      • Hacer ejercicio oxigena nuestra circulación sanguínea y fortalece el sistema cardiovascular, es decir, ayuda a mantener un corazón fuerte y ágil.
      • Hacer ejercicio estimula el sistema linfático, ya que, a diferencia del sistema circulatorio que cuenta con la bomba del corazón, el sistema linfático requiere la respiración y el movimiento muscular para funcionar correctamente, eliminar las toxinas del organismo y mantener el sistema inmunológico en plena forma.
      • Hacer ejercicio previene la depresión y nos sube la autoestima, sobre todo si el ejercicio se desarrolla al aire libre.

      El ejercicio extremo

      Muchas personas creen erróneamente que el desafío al propio organismo es una prueba de resistencia beneficiosa, que si se retan a sí mismas hasta el límite están superando satisfactoriamente algún tipo de prueba personal. Pero nada más lejos de la realidad. Buena prueba de ello son las caras exhaustas, enrojecidas y cansadas de las personas que salen del gimnasio tras una sesión demoledora de spining o aerobic. El ejercicio debe proporcionarnos vitalidad, serenidad y alegría. Y el resultado en este tipo de sesiones es más bien el contrario.

      Un ejercicio en el que el cuerpo termina cansado, intranquilo y agotado provoca:

        • Estrés oxidativo

          Cuando el cuerpo demanda más oxígeno del necesario se produce lo que se llama estrés oxidativo, un proceso de envejecimiento acelerado por la acción de los radicales libres.

        • Riesgos para el corazón

          La cantidad de oxígeno que podemos enviar a los músculos depende de nuestra capacidad pulmonar, de la cantidad de hemoglobina que tengamos en sangre y de otros factores que hacen que el corazón tenga que trabajar más intensamente de lo de debe para hacer llegar ese oxígeno allá donde es requerido. Cuando hacemos un ejercicio extremo estamos poniendo nuestro sistema cardiovascular en grave peligro.

        • Empobrecimiento del sistema inmunológico

          Andreas Moritz, experto en medicina naturista, asegura que el esfuerzo excesivo provoca una reducción del tamaño de la glándula timo, que es la responsable de fabricar linfocitos, por lo que muchos deportistas de élite necesitan mayor cantidad de fármacos que el resto de la población y sufren ataques cardíacos o afecciones coronarias repentinas.

        • Acumulación de grasas

          Cuando hacemos ejercicio con el fin de adelgazar y para ello nos castigamos con sesiones severas, el organismo tiende a reponer rápidamente los depósitos de grasa para hacer frente a este desgaste.

      Dos prestigiosas revistas como son Lancet y American Journal o Cardiology, han publicado informes en los que se asegura que las personas que realizan ejercicios aeróbicos de manera regular y extenuante tienen más probabilidades de sufrir enfermedades coronarias y arteriales.

      Los límites del ejercicio beneficioso

      Un buen momento para detener la actividad física que estamos realizando es:

        • Cuando ya no podemos seguir respirando por la nariz porque nos ahogamos y necesitamos respirar por la boca.
        • Cuando después de la adrenalina inicial, empezamos a sentir fatiga o mareos.
        • Cuando el corazón bombea con gran fuerza.
        • Cuando sentimos debilidad.
        • Cuando no nos sentimos felices realizando ese esfuerzo.

      Recomendaciones a la hora de hacer ejercicio

      Cada persona ha de buscar su forma ideal de hacer ejercicio, la disciplina que más le guste o aquella que le reporte mayores beneficios y bienestar. Dependiendo de nuestra vitalidad, resistencia física, estructura corporal, costumbres y tiempo disponible podemos elegir una u otra forma de hacer ejercicio. Pero en todos los casos, recomendamos:

        • Hacer ejercicio siempre durante la luz solar y a ser posible al aire libre.
        • Caminar a buen ritmo es uno de los mejores ejercicios que podemos realizar.
        • Las disciplinas orientales como yoga o taichi son fabulosas para practicar el aquí y el ahora, mantener un cuerpo atlético y flexible y mejorar la capacidad pulmonar y la concentración.
        • Si no disponemos de demasiado tiempo, realizar el saludo al sol o los cinco tibetanos, son una buena opción para realizar por la mañana, nada más levantarse, antes del desayuno.
        • Lo mejor a la hora de hacer ejercicio, es practicarlo hasta un 50% de nuestra capacidad e ir aumentando el nivel poco a poco en lugar de sobrepasar el límite de resistencia.
        • Una buena manera de ejercitar el cuerpo es realizar ejercicios alternos de actividad intensa y reposo (concentrándonos en la respiración) en intervalos de dos o tres minutos. Esta práctica la podemos llevar a cabo paseando, corriendo, nadando, bailando, etc.

      La práctica de ejercicio moderado reporta grandes beneficios al organismo, al contrario que el sedentarismo o el ejercicio extremo. En cualquier caso, la mejor manera de ejercitar el cuerpo es realizando alguna actividad que nos estimule, que nos llene de vitalidad y alegría. Esta actividad puede ser caminar por la montaña, bailar un ritmo alegre, hacer el amor con la persona a quien se ama, realizar ejercicios de estiramiento en silencio y de cara al mar…. La energía vital tiene múltiples formas, solo hay que elegir la más adecuada a nuestros gustos o, lo mejor, una variedad de ellas.

      Conoce, además del ejercicio saludable, cuáles son los hábitos básicos para mantener una vida saludable.

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