La gestión emocional no tiene nada que ver con la represión. Observar nuestras emociones nos da mucha información sobre nuestros verdaderos anhelos. Observarlos sin juzgar es una de las mejores formas de gestión emocional. Pero para eso hay que escucharse primero.

Dime lo que SIENTES y te diré quién ERES

Una persona que siente mucho y, peor aún, si lo expresa, es fácilmente catalogada como inestable, desequilibrada, demasiado emocional, etc…

Evidentemente, una buena gestión y control emocional son fundamentales para no sufrir en exceso y para no dejarnos arrastrar por cada tormenta de la vida. Pero este control emocional suele confundirse muchas veces con la represión emocional. Es decir, hacer como que no siento nada y ocultarlo, no decirlo, no manifestarlo, pero los sentimientos están ahí quiera yo o no quiera, lo cual es una pena.

Es una pena porque los sentimientos nos dan mucha informaciones sobre quienes somos en realidad. Observarlos sin juzgar nos ayuda a saber lo que queremos y a aceptarnos.

Nuestro modelo de educación

¿Sabías que el modelo de educación implantado en nuestra sociedad procede de un modelo del ejército prusiano del siglo XVIII? Si, descubrieron que ese modelo que consistía en embotar la cabeza de datos, no reflexionar, no cuestionar y eliminar cualquier rastro de individualidad, servía muy bien a los propósitos de los de arriba.

En nuestro modelo, igualmente, se nos enseña a aprender muchos datos, a no cuestionar nada y, sobre todo, a no sentir. Cualquier atisbo de emoción que no encaje en la obediencia, es mal visto o considerado como falta de control emocional.

 

Esa educación no proviene solo del colegio, sino de los anuncios, de las revistas, de las series y películas, etc… donde todo aquello que no encaja en el patrón, está mal. ¿A cuántos políticos  o personajes “eminentes” vemos llorar o salirse de madre o mostrar afecto efusivo? A pocos. ¿A cuántos vemos tomar decisiones en base a sus emociones y no a la razón? A pocos. Lo correcto es controlarse y dejar el poder en manos de la mente y la razón. Y todo aquel que haga caso a sus emociones y las muestre es un desequilibrado que no sabe controlarse. ¿Cuántas veces hemos sido ridiculizadas las mujeres por nuestra tendencia a “sentir demasiado”? Muchas.

Sentir es conocerse

El problema es que la mente, aunque puede ser una gran aliada, también suele traicionarnos con frecuencia. En cambio, las emociones no nos engañan nunca.

 

La rabia me da información sobre lo que me da rabia; la tristeza me da información sobre lo que me pone triste y el resto de emociones colaboran también en mostrarme el camino. Y puede que esa rabia no tenga un verdadero fundamento o yo esté equivocada, pero hasta que no sea coherente y lo descubra por mí misma, la rabia seguirá ahí. Si me empeño en no oírme y en hacer como que soy feliz cuando no lo soy… estoy desperdiciando unos recursos extraordinarios.

Los sentimientos mal vistos

Antiguamente se lanzaba a los críos a las calles de los pueblos a jugar como descosidos y eran poco atendidos en general y, sin embargo, libres e independientes. Ahora se nos enseña que un buen padre o una buena madre debe sobreproteger a sus hijos, meterles en doscientas extraescolares y sobreestimularlos hasta la saciedad y jugar con ellos a todas horas.

Si eres una madre a la que le encanta jugar al escondite, perfecto, saca tu lado infantil y disfruta. Pero si odias el escondite y te aburre soberanamente, enséñale a tu hijo a gestionar su tiempo, su espacio y su frustración, porque eso también le resultará muy útil en la vida. Mostrarte ante tus hijos como eres y respetarte, les enseñará con el ejemplo (que es como verdaderamente aprenden) a respetarse a sí mismos y a ser consecuentes en lugar de pasarse el día haciendo lo que los demás esperan que hagan.

Si eres una persona extrovertida y social, perfecto, serás muy feliz organizando fiestas. Pero si eres una persona tímida, reservada y poco habladora, quizá resultes muy útil para la sociedad analizando partículas en un laboratorio o escribiendo poesía.

Si te apetece darle un abrazo gigantesco a alguien, reconócelo (y luego se lo das o no, dependiendo de tu valentía); si te enfada algo, reconócelo (y luego actúa como consideres); si aunque practiques yoga y te encanten las personas que hablan poco y despacio, a ti se te escapan las palabras y el volumen a borbotones, reconócelo y acéptalo.

te puede interesar de nuestra tienda…

Flores de Bach

VBálsamo calmante Tigr

Bálsamo calmante Tigr

Ver producto

Artículos Relacionados

Te ha gustado el artículo? Compártelo en redes sociales!
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePin on PinterestDigg thisShare on LinkedInShare on TumblrShare on RedditBuffer this pagePrint this page