Revisamos las principales causas de alergia, una afección que cada vez más personas sufren en nuestra civilización tan dependiente de las sustancias químicas

Causas de alergia

Al igual que ocurre con numerosas enfermedades autoinmunes que acechan nuestra “civilizada” sociedad, la medicina convencional no ha sabido encontrar una causa concreta para dar explicación al vertiginoso aumento de alergias en la población. Las personas especializadas tienden a señalar a la inclusión en nuestras vidas de todo tipo de sustancias químicas tóxicas que van desde la contaminación del ambiente, bisfenol A o contaminación electromagnética hasta la contaminación de nuestros hogares, con productos tóxicos en cosmética, higiene, alimentación, muebles, barnices, etc.

Las causas, no obstante, parecen ser variadas y, lo más probable, es que cuando una persona sufre algún tipo de alergia sea una combinación de distintos factores lo que la han desencadenado. Una cosa sí debemos tener en cuenta y es que la alergia no es otra cosa que una respuesta exagerada de nuestro sistema inmunológico ante microorganismos que, en realidad, son inofensivos y no suponen amenaza alguna.

En este reportaje revisamos algunas de las más comunes.

Exceso de higiene

Seguramente, nuestros modernos hábitos de higiene tienen mucho que ver con el aumento de alergias en la población. Por una parte, parece algo bastante paradójico que, para limpiar nuestro cuerpo, utilicemos toda clases de sustancias químicas que, en realidad, nos envenenan y nos ensucian por dentro, por muy bien que nos hagan oler por fuera.

Además de esto, nuestro sistema inmunológico está preparado para afrontar una serie de sustancias patógenas como virus o bacterias que en la actualidad ya no existen gracias a las modernas condiciones de higiene. Cuando no existe enemigo al que enfrentarse, nuestro sistema inmunológico responde ante organismos inofensivos como si fuesen peligrosos cuando en realidad no lo son. Tal es el caso del polen, ácaros en el polvo, pelo de los animales, etc.

Exceso de sustancias químicas

En el último siglo se han incorporado a nuestras vidas más de 100.000 sustancias y compuestos químicos creados en laboratorios de los cuales, tan solo se tiene constancia del efecto en la salud de los humanos de unas 10.000. Del resto, no se sabe cuál es su impacto (ni en humanos ni en el planeta) a largo plazo. Aunque muchas de esas sustancias están consideradas cancerígenas o peligrosas para la salud, hasta que no ocurre alguna hecatombe o alguien se digna a financiar un estudio científico que lo demuestre, no se retiran del mercado. Por suerte, de vez en cuando, al final no queda otro remedio que rendirse ante la evidencia y algunas de esas sustancias tan famosas en otro momento, como el DDT, por ejemplo (esperemos que también pronto se prohiba el aspartamo o los trangénicos en todo el mundo) se retiran del mercado por sus efecto nocivos en la salud y en el medio ambiente.

La mayor parte de personas expertas en la materia señalan a estas sustancias como responsables del increíble aumento de personas afectadas por alergias. De hecho, se sabe que las personas que viven en la ciudad están más expuestas a dichas sustancias y por ello son más susceptibles a otros microorganismo inofensivos como el polen cuando, en realidad, las personas que viven en el campo tienen mayor contacto con él sin sufrir reacciones inmunológicas.

Causas emocionales

Al igual que ocurre con muchas enfermedades de la piel (y otras) las emociones y la forma personal en la que cada persona tenemos de controlar la mente y afrontar la vida influye decisivamente en su evolución. Por ejemplo, se sabe que muchas reacciones de dermatitis tienen lugar al ocurrir determinados desencadenantes psicológicos . Del mismo modo, también se sabe que determinados patrones psicológicos o de personalidad están relacionados con una mayor incidencia a sufrir ataques alérgicos o desarreglos en el sistema inmunológico.

Es más, nuestro organismo es una obra de arte musical perfectamente sincronizada donde todos los sistemas interactúan estrechamente en sincronicidad (como una improvisación de jazz), es decir, que el sistema nervioso no es independiente del sistema inmunológico ni del endocrino, ni de ninguno. Por lo tanto, nuestra manera de afrontar las cosas, la vida, nuestra actitud amorosa, el estrés y, por supuesto, las emociones, tienen mucho que ver en nuestra respuesta inmunológica y en los cambios bioquímicos del organismo.

Medicamentos, antibióticos y vacunas

Nuestro sistema inmunológico es bastante más sofisticado que el de otras especies y cuenta con una memoria inmunológica que consiste en desarrollar un tipo de defensa específica para un antígeno concreto que será mayor en sucesivas exposiciones. es decir, que si durante la infancia tenemos la oportunidad de ponernos en contacto con determinados virus, bacterias y otros microorganismo (con lo que nuestro sistema inmunológico puede ponerse en forma), en la edad adulta, tendremos unos soldaditos fuertes y preparados para mantener el equilibrio.

Pero si durante la infancia desaprovechamos nuestras oportunidades de “practicar” y ponernos en contacto con dichas sustancias (tomando medicamentos, antibióticos, vacunas, etc) nuestro sistema inmune se vuelve incapaz de afrontar por sí mismo los desequilibrios y termina por debilitarse y confundirse a la hora de identificar a los antígenos con capacidad para desequilibrarnos.

Herencia genética

Se llama estado atópico y consiste en heredar una predisposición a sufrir enfermedades relacionadas con alergias, más concretamente, a producir cantidades excesivas de inmunolglobinas del tipo E (igE). Si eres una de esas personas con predisposición genética a sufrir alergias, ten en cuenta que no necesariamente se desarrollan y que la dieta, los hábitos saludables, la práctica de ejercicio y una vida sana libre de tóxicos en el hogar y en otros ámbitos de la vida, son factores determinantes a la hora de desarrollar esa tendencia.

Si sufres algún tipo de alergia, sobre todo alergias fuertes con reacciones severas, es importante conocer las causas, las principales fuentes de alergias y llevar a cabo un tratamiento naturista de las alergias que refuerce el sistema inmunológico y reduzca la virulencia de las reacciones.

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