Te explicamos qué son los ataques de pánico o ansiedad, cómo nacen, por qué, qué sucede cuando tenemos uno, cuáles son los síntomas y algunas claves para conocerlos y aprender a manejarlos

Ataques de Pánico o Ansiedad

Afortunadamente la sociedad tiene, a día de hoy, una visión mucho más abierta de las afecciones emocionales que hace unos años. Hoy en día los ataques de ansiedad no son nada raro ni extraordinario y los sufre un gran porcentaje de la población como respuesta natural a un estrés continuado o a una situación emocional no resuelta.

Si estás sufriendo ataques de ansiedad no te preocupes… el mundo no se acaba! Lo más importante es saber por qué suceden y ponerse manos a la obra para buscar soluciones definitivas. En este artículo ponemos a tu disposición toda la información que necesitas.

¿Qué son los ataques de pánico o ansiedad?

Los ataques de pánico o ansiedad son una respuesta fisiológica del organismo ante una idea o imagen mental que desencadena una serie de síntomas muy desagradables que pueden ser físicos, psíquicos o ambos. La primera vez que ocurre una crisis de pánico la persona siente verdadero terror y desconcierto, con una sensación de perder el control por completo ya que, aún reconociendo que se trata de ideas irracionales, no puede controlar la mente, ni las emociones, ni la reacción fisiológica.

Un ataque de ansiedad o pánico puede durar entre unos segundos y unos minutos. Dependiendo del modo en que la persona gestione esta situación, la crisis se puede agravar debido al llamado miedo al miedo. Esto es, una vez que se ha producido la primera crisis, sentimos tanto miedo de que nos vuelva a ocurrir que el propio miedo a que se repita esta situación puede perpetuarla durante meses y generar crisis consecutivas.

Habitualmente, los síntomas son tan desagradables que la persona queda incapacitada parcialmente para llevar a cabo su vida de manera normal. Si la situación se prolonga durante mucho tiempo, la persona puede llegar a desarrollar agorafobia (pánico a los espacios abiertos) por miedo a perder el control en lugares “inadecuados”.

SÍNTOMAS FÍSICOS

Los síntomas físicos más habituales son estos, aunque pueden presentarse de diversas maneras e incluir otros muchos:

    • Dolor en el pecho, taquicardias, ahogo, falta de aliento
    • Mareo, náuseas, vómitos
    • Temblores, escalofríos, sudoración, cambios de temperatura
    • Incapacidad para hablar, confusión

SÍNTOMAS PSÍQUICOS

Estos son los más desagradables y los que, en verdad, acentúan los cambos fisiológicos del organismo. Por otra parte, aunque los síntomas físicos son los que generan “crisis puntuales” son los síntomas psíquicos los que perpetúan la situación pudiendo hacerla durar meses o años:

    • Miedo atroz y pérdida de control mental, físico y emocional
    • Sensación de irrealidad que se puede manifestar de distintas formas:  desde otra perspectiva, desde fuera de uno mismo, desde la mente, sin vida, desde un sueño…
    • Pensamientos constantes sobre la muerte, sobre el sentido de la vida, sobre la existencia
    • Pérdida total de raciocinio, como saber que lo que piensas no tiene sentido pero al mismo tiempo no puedes evitar darle credibilidad
    • Pensamientos atroces de muerte, de agresividad, de desesperanza, etc
    • Pensamientos obsesivos irracionales (por ejemplo, me voy a ahogar, voy a morir) que nos hacen sentir en peligro de muerte constante

Sí, toda esta información resulta aterradora, pero no te preocupes… es menos grave de lo que parece. La diferencia entre superar una crisis resolutivamente o alargarla durante meses radica, fundamentalmente, en saber qué nos está ocurriendo. Cuando se conoce al enemigo ya no parece tan grande ni tan poderoso y este conocimiento tiene una influencia directa en el modo en que viviremos las crisis hasta que, poco a poco, desaparezcan.

¿Cómo nace un ataque de pánico o ansiedad?

Por lo general, una situación emocional insostenible (la hayamos detectado o no) nos predispone mentalmente hacia pensamientos obsesivos sobre la muerte y el miedo. Esta situación emocional se ha ido gestando con el tiempo. De hecho, numerosos terapeutas coinciden en señalar que muchas veces, los ataques de ansiedad o pánico no se dan como respuesta inmediata, sino al año o los dos años de haber sucedido el incidente desencadenante.

Este incidente puede ser trágico o no. Es decir, no es necesario que en nuestra vida haya ocurrido nada “aparentemente terrorífico”. Esta situación puede haber sido provocada por una insatisfacción general, por unas necesidades vitales no cubiertas o por una lucha interior sobre algún asunto no resuelto.

¿Cómo se desarrolla un ataque de pánico o ansiedad?

Estos pensamientos que se han ido gestando con el tiempo terminan por culminar un buen día en el que, de repente, ocurren todos los síntomas anteriormente mencionados. Es decir, la insatisfacción emocional se traslada al terreno físico y mental de manera desbordante.

Cada persona puede vivirlo de maneras diferentes con detalles particulares. Pero, de manera general, el ataque de ansiedad comienza con una sensación de ahogo, palpitaciones y sensación de muerte y de irrealidad. En cuanto empezamos a detectar estos síntomas, entra en juego el “miedo al miedo”. Es decir, la sensación nos está generando tanto desconcierto que el propio miedo a que eso vaya a más, potencia aún más los síntomas.

Estas crisis agudas pueden durar 5 o 10 minutos de angustia y poco a poco se van desvaneciendo. Por supuesto la sensación horrible y el recuerdo de pérdida de control no se desvanecen. Sigue quedando una sensación muy desagradable, pero no tan intensa como en el ataque agudo.

En este punto es muy importante que comprendas algo: por mucho miedo que tengas, no te vas a morir. Por mucho que el miedo acentúe los síntomas, la cosa no va a más, NUNCA. Todos los expertos coinciden en señalar que las crisis de pánico con conllevan riesgo alguno, sino que es nuestro propio miedo a que ocurran lo que las genera. La mala noticia es que, hasta que no lo experimentes en tu propio cuerpo muchas veces no comprobarás que efectivamente es así. Hasta que no sepas por experiencia propia que la crisis empieza, tiene un pico y acaba, no dejarás de tenerle miedo.

La buena, BUENÍSIMA, noticia es que, en cuanto descubras esto, habrás ganado la batalla más importante. De los pasos a dar para poner fin a esta desagradable situación te hablaremos más adelante. De momento, sigamos conociendo al enemigo.

Cambios fisiológicos durante la crisis

Como especie, tenemos un evolucionado y magnífico sistema de defensa fisiológico que, ante un peligro inminente, nos permite disponer inmediatamente de ciertos recursos imprescindibles para la huida o el ataque y dejar en “stand by” las necesidades secundarias o menos importantes para hacer frente a la situación actual. El problema con los ataques de pánico o ansiedad es que nuestro sistema defensivo se pone en marcha sin que haya una razón real para ello. Bueno, sí es real, pero solo en nuestra mente y se manifiesta ante cualquier situación que levemente nos despierte la “huella” que han dejado anteriores conflictos.

Estos son algunos de los cambios fisiológicos que se producen en el organismo:

    • Aumenta la presión arterial y el corazón bombea más rápidamente para favorecer el flujo sanguíneo de hormonas y otras sustancias
    • Aumenta la frecuencia de respiración para obtener mayor cantidad de oxígeno
    • Aumenta la concentración de glucosa en los músculos y el cerebro
    • Se libera gran cantidad de adrenalina y noradrenalina
    • Aumenta el metabolismo celular general del organismo
    • Los párpados se abren y las pupilas se dilatan para ver mejor
    • Los sistemas secundarios o menos urgentes se detienen, como por ejemplo el sistema inmunológico.
    • Los lóbulos frontales se desactivan impidiendo que fijemos la atención en otra cosa que no sea la amenaza.

Miedo al miedo: El Quiz de la cuestión

El estrés, el miedo o la ansiedad son RESPUESTAS NORMALES del sistema fisiológico que nos regulan y defienden ante las agresiones externas. Por lo tanto, no debemos observarlas como algo negativo. El problema surge cuando una situación conflictiva (una “agresión externa”) deja tal huella que desatamos los mecanismos de defensa ante situaciones que, en realidad, ya no suponen ninguna amenaza.

Lo peor de todo es que vivir un ataque pánico es una experiencia tan desagradable y desconcertante que, además del miedo a una “agresión externa”, empezamos a tener miedo a tener miedo y que, de nuevo, se desencadene este proceso tan desagradable. Entonces empezamos a evitar situaciones delicadas, a pedir ayuda o compañía, a tomar medicación… y todos estos parches no hacen sino potenciar la idea de un “peligro real” cuando no lo es y de que, efectivamente, no tenemos control de la situación (no disponemos de herramientas internas o nuestras). Esto hace que le miedo se incremente y genera un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

Por lo tanto, debemos tener muy claras tres ideas fundamentales:

    • El estrés y el miedo son RESPUESTAS NATURALES y necesarias para la supervivencia
    • Un ataque de pánico NO CONLLEVA RIESGO ALGUNO PARA LA VIDA
    • Disponemos de HERRAMIENTAS INTERNAS con las que podemos manejar el miedo

De todo ello y de las soluciones para afrontar la ansiedad y los ataques de pánico te hablamos en  nuestro reportaje: cómo superar las crisis de pánico

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