¿Qué personas te rodean? Distingue qué relaciones son saludables y cuáles perjudican tu bienestar vital. Cómo alejarse amorosamente de las personas dañinas y construir nuevas relaciones enriquecedoras, cómo elegir a las personas correctas para ser más feliz.

Aprender a elegir Personas: Derrumbar y Construir Nuevas Relaciones

Dependiendo del momento vital que estemos atravesando, de la alegría o tristeza que sintamos, y del optimismo o negatividad que desprendamos, tienden a acumularse a nuestro alrededor determinado tipo de personas, que de un modo u otro, parece que atraemos, muchas veces sin ser conscientes o incluso en contra de nuestra voluntad. Personas con distintas experiencias, distintas procedencias y distintas circunstancias, pero iguales en esencia, idénticos patrones, incluso con un físico parecido. ¿Lo has pensado alguna vez? Yo sí, muchas veces.

¿No has sentido que en distintos trabajos, o en distintas relaciones, o en distintos viajes, te has encontrado con personas cortadas con el mismo patrón? Personas que te quieren o te hieren una y otra vez, de la misma manera, en distintas circunstancias. ¿Por qué ocurre eso? Reflexionemos…

Lo que llevamos en la mochila

Todo el mundo lleva en la mochila un sinfín de ideas preconcevidas de lo que es la realidad, construidas en base a nuestras experiencias, sobre todo las experiencias primarias, las de la infancia.

    • Una infancia carente de amor

      Por supuesto existen matices, nada es blanco o negro, pero si, de manera general, en mi infancia me vi privada del amor en algún sentido, lo más probable es que entendiera o resolviese que no soy un ser digno de ser amado, y por ello, trataré de buscar en mi vida personas y situaciones que lo confirmen. De este modo, aparecerán relaciones en las que habrá un verdugo y una víctima (que soy yo) porque es el tipo de relación que conozco, con el que me manejo bien, el que ya sé cómo empieza y cómo acaba. Por supuesto no es algo que hagamos conscientemente, pero de una manera intuitiva, conocemos el panorama y es fácil dejarse llevar cuando no se hace un trabajo de consciencia y reflexión.

    • Una infancia saludable

      Si por el contrario, de manera general, disfruté de una infancia amorosa, lo más seguro es que en la edad adulta busque experiencias y emociones cercanas al amor. De una manera también intuitiva, huiré rápidamente de todas aquellas personas que no me quieren bien o con las cuales sufro, porque lo que conozco es el amor, lo que me resulta familiar es querer y que me quieran.

Se llama profecía autocumplida. Buscamos una y otra vez personas, circunstancias y hechos que nos confirmen que la la realidad es como yo la veo, o como me enseñaron que era.

Pero la mecánica cuántica y la física moderna sugieren que no hay una realidad última de las cosas, que el mundo no es de una manera determinada, sino que se comporta con distintos patrones dependiendo del observador que la observa.

El drama de la profecía autocumplida

Cuando vivimos experiencias traumáticas, o levemente traumáticas, sobre todo provenientes de nuestro padre o nuestra madre o de algún familiar cercano que haya tenido cierta influencia en nuestros primeros años, lo más seguro es que, en la edad adulta, repitamos los mismo patrones porque es la forma en la que aprendimos a manejarnos en la vida. Por ello, si de alguna forma me faltó el amor por parte de alguna de las personas más determinantes en mi infancia, es posible que muchas de las personas de las que me rodeo ahora, sobre todo las que tienen influencia en mi vida, me hagan sentir o yo les haga sentir:

    • Inseguridad
    • Miedo
    • Baja autoestima
    • Torpeza
    • Vulnerabilidad
Evidentemente esto ocurre de una manera inconsciente y muy sutil. Cuando conocemos a alguien no pensamos: “estupendo, he encontrado a una persona que me va a hacer sufrir, ¡yupi!”. Por supuesto que no. Pero de un modo intuitivo, enseguida sé qué clase de persona tengo delante y si su patrón de conducta reafirma lo que ya “sé”: que no merezco el amor.

Existen teorías sobre la vibración de las energías, según las cuales, atraemos las energías que nos son semejantes, y con ello, a personas con determinado perfil. Estoy segura de ello, pero no hace falta ir tan lejos. Yo creo que simplemente elegimos aquello que nos es familiar.

Darle la vuelta a la profecía autocumplida

Bien mirado, si se trata del caso contrario, la profecía autocumplida sería una herramienta fabulosa para detectar aquellas personas y situaciones capaces de generarnos montañas de amor y felicidad. Si estoy convencida de que soy un ser extraordinario que merece rodearse de la mejor energía posible, entonces pondría a trabajar mi radar olfativo para detectar personas que:

    • Me hagan sentir seguridad
    • Me regalen amor cada día
    • Me hagan sentir que ESTÁN, con mayúsculas
    • No me generen dudas
    • Me dejen una sensación de felicidad y paz en el cuerpo después de verlas
    • Me demuestren que me quieren y que se quieren
    • No duden de sus decisiones ni de su cariño
    • Me inspiren una sonrisa cuando pienso en ellas

¿Cómo elegir personas amorosas?

Bien, entonces, el objetivo parece claro. Lo que no parece tan fácil es empezar a dar los primeros pasos en esa dirección. ¿Cómo cambiar la opinión que tenemos de nosotr@s mism@s? ¿Cómo detectar a las personas dañinas? ¿Cómo darnos cuenta de los actos inconscientes con los que nos autodestruimos sin darnos cuenta?

Realizar semejante cambio no parece tarea sencilla, sin embargo, sí podemos aplicar algunas costumbres, prácticas y reflexiones que nos pueden ayudar a mejorar la calidad de nuestras relaciones y a afianzar, poco a poco, nuestra propia estima.

Sigamos reflexionando…

Empezar a caminar

Si tuvieras delante a un bebé que está aprendiendo a caminar, no te enfadarías con él o ella por caerse, ¿no? Entenderías que no camina bien porque no sabe cómo hacerlo. Necesita darse algunos golpes para afianzar la fuerza de sus piernas, para comprender cómo funcionan los movimientos de la estructura mecánica. Te parecería normal y de hecho, le apoyarías. Pues bien, ¿qué tal si dejamos de culparnos? ¿Qué tal si nos tratamos como si fuésemos bebés que empiezan a caminar? ¿Qué tal si dejamos de regocijarnos en el hecho de que no sabemos caminar, y empezamos a poner soluciones sobre la mesa?

Primer paso: La paciencia

Decir adiós al sentimiento de culpabilidad tiene mucho que ver con la paciencia. No podemos culparnos por hacer mal las cosas que en realidad no sabemos hacer, sobre todo, cuando se trata de derrumbar edificios mentales que hemos construido y consolidado durante toda nuestra vida, porque no es fácil. Por lo tanto, es necesaria una buena dosis de paciencia, de respeto y de amor a mí misma mientras tiro los ladrillos. No puedo andar culpándome cada vez que cometo un error. Lo que sí es importante es detectar el error cuanto antes, sobre todo para sufrir lo menos posible, y poner en práctica aquellas actitudes que nos conduzcan a un modo de vida más amoroso y satisfactorio, construyendo cuantos edificios sean necesarios, hasta que encontremos aquel que verdaderamente nos cobije.

Segundo paso: La consciencia

Una vez que tenemos claro que nos va a llevar un tiempo y que por el camino nos pueden caer algunos ladrillos en la cabeza, es momento de ponerse manos a la obra. El primer ladillo que debemos colocar se llama CONSCIENCIA. No podemos construir edificios sólidos si no prestamos atención a la manera en la que echamos el cemento o colocamos las vigas. La clave reside en vivir el presente, en poner toda nuestra atención en las cosas que ocurren, y tratar de hacerlo sin “gafas personalizadas”, es decir, sin una visión subjetiva que nos reafirme cuál es la realidad que nosotros pensamos; mirando las cosas tal cual son, sin inventarlas. Para poder hacer un plano del edificio y construirlo es necesario tener información fiable. Hemos de conocer las medidas exactas; no vale inventarlas. No es buena idea poner todo mi empeño en fantasear con que las personas son como yo quiero que sean, sino en tomarme el tiempo de conocerlas y percibir cómo me siento con ellas.

Tercer paso: escucharnos

Puesto que partimos de la base de que quizá nuestra mente está algo enturbiada con las ideas que “construimos” en la infancia, pensar demasiado no nos va a traer una perspectiva demasiado realista. ¿Qué hacemos, entonces? Muy fácil, en lugar de entrar en divagaciones eternas con nuestra mente, podemos escuchar nuestras sensaciones. Es bastante probable que si pido consejo a mi mente, me siga “vendiendo” los mismos argumentos que hasta ahora no me han servido, puede desear tanto que las cosas sean como yo quiero que sean, que me engañe. Sin embargo, una buena idea es sentir lo que se cuece dentro. Es decir, mirar sin tapujos las sensaciones y emociones que me producen las personas que entran o que ya están en mi vida. ¿Cómo me hacen sentir? Esta persona:

    • ¿Me hace sentir segura o insegura?
    • ¿Me siento bien después de verla, o siento desasosiego?
    • ¿Me demuestra con actos su amor, su cariño, o solo con palabras?
    • ¿Siento que es alguien que ESTÁ, con mayúsculas?
    • ¿Es alguien que se muestra abiertamente, o siento que hay lugares oscuros y difusos, aunque no sepa definirlos ni explicarlos?
    • ¿Me siento bella cuando me miro en sus ojos, o me siento imperfecta?
    • ¿Me muestro abiertamente o me justifico en todo lo que hago?
    • ¿Nuestra relación fluye de manera natural o de manera forzada?
Puede que tu mente te engañe con algunos argumentos, como por ejemplo “esta persona no me quiere porque he cometido tal error, porque me falta tal cosa, porque soy excesivamente tal otra…”, pero las sensaciones que se perciben en el corazón nunca engañan y pienso que todo se reduce a una sola pregunta… ¿Me hace feliz esta persona? La respuesta no siempre es clara, todos tenemos días mejores y peores, pero de manera general, tarde o temprano es necesario observar con precisión hacia qué lado se inclina la balanza.

Cuarto paso: alejarse amorosamente de las personas que nos hieren

A veces es posible alejarse de alguien cordialmente, dejando las cosas en su sitio. De hecho, es lo ideal, pero no siempre es posible. A veces es necesario poner punto final con una confrontación directa, sobre todo cuando se trata de personas expertas en manipular situaciones, expertas en convencernos de su cariño con palabras y demostrar con actos todo lo contrario; lo que se conoce coloquialmente como darle la vuelta a la tortilla.

De modo que cuando hablo de alejarse amorosamente, me refiero a sentir el amor dentro, a despedirse internamente, en el corazón, sin rabia, sin ira, sin dolor, aunque sea a través de una confrontación directa.

Para mí hay dos vías de hacerlo:

    • Perdonar, aunque sea sin comprender

      Es decir, reflexionar sobre el hecho de que todos llevamos encima nuestra propia mochila y que nuestros argumentos, circunstancias y decisiones solo nos afectan a nosotros. Que cada persona tiene sus propios motivos y  no es necesario comprenderlos. Solo tenerlo en cuenta.

    • Decir adiós de todos modos

      Aunque lleguemos a intuir o comprender los motivos que pueden llevar a una persona a hacernos daño, incluso aunque nos compadezcamos de ella porque entendemos que alguna situación dolorosa le hizo ser como es, es importante seguir adelante de todos modos. En primer lugar porque puede que esa persona ni siquiera se haya dado cuenta, o no tenga intención de cambiar en ningún sentido. Y en segundo, porque lo que busco es ser feliz. No tengo el control sobre lo que hacen los demás, pero sí lo tengo con respecto a lo que hago yo. No puedo forzar a nadie a cambiar, mucho menos para que sea como yo quiero que sea. Pero lo que sí está en mi mano es elegir a personas que me hagan feliz, y alejarme del dolor y de todas aquellas personas que me hacen sentir mal, aunque comprenda sus circunstancias y el motivo por el que me hacen daño.

Dónde encontrar a la gente apropiada

Sin duda, una buena manera de encontrar gente maravillosa que nos proporcione amor es estando alerta, procurando no descuidarse cuando por azar, aparece una de esas personas.

Pero otra opción, además de recibir al azar con los brazos abiertos, es provocándolo, explorando los lugares apropiados. Y no lo digo en un sentido figurado sino literal. Si lo que quieres es rodearte de gente intelectual que aporte nuevos conocimientos a tu vida, parece más sensato buscarla en una charla sobre ciencia organizada por la universidad de tu ciudad, que en un bar de copas donde la gente busca sexo fácil. O si tu vida espiritual es importante para ti, es más fácil encontrar gente con la que compartir tus puntos de vista en una clase de yoga que en un despacho de Wall Street. Lo sé, parece una obviedad, pero es algo que, al menos yo, olvido con bastante frecuencia.

Los monjes zen aseguran ver la belleza en todas partes, y estoy segura de que así es. De hecho, los envidio profundamente. Me gustaría quererme tanto que nada ni nadie fuese capaz de hacerme daño, pero como de momento no lo he conseguido, buscar la belleza en los lugares que a mí se me antojan bellos me parece una buena idea.

Algunas sugerencias

Espero que si eres de esa clase de personas que alguna vez duda de su capacidad para elegir personas, este reportaje te haya sugerido algunas ideas por las que empezar a cambiar patrones. No se trata de un camino sencillo. De hecho, creo que existen muy pocas personas capaces de proporcionarse solo amor, solo cosas bellas, porque todos llevamos acuestas nuestro pasado. Sin embargo, sí me parece interesante reflexionar sobre ello, y poner todo de nuestra parte para intentar acercarnos, un paso más, hacia la felicidad y el amor. Ahí van algunas ideas que se me ocurren para despertar el olfato de la felicidad:

    • Me gustan las personas abiertas que no esconden un espacio oscuro o misterioso.
    • Me gustan las personas que hablan abiertamente del amor, y lo buscan.
    • Me gustan las personas que miran el mundo con amor, pero de verdad, honestamente, desde la ingenuidad, no desde el discurso aprendido.
    • Me gustan las personas que me quieren tal cual soy, y que encuentran en mis defectos, como yo en los suyos, tiernas idiosincrasias.
    • Me gustan las personas que no tienen miedo de cometer errores, que los manifiestan, que se ríen de sí mismas. Me gustan las personas que hablan de sí mismas sin tapujos, sin esconderse.
    • Me gustan las personas que me inspiran, y me incitan a hacer cosas mejores; personas que consiguen sacar lo mejor de mí.
    • Me gustan las personas que me hacen reír, en lugar de llorar o enojarme.
    • Me gustan las personas con las que me siento segura, porque sé que ESTÁN, y permanecen cerca, a través del tiempo y los cambios de la vida.
    • Me gustan las personas disponibles, en el sentido más amplio de la palabra.
    • Me gustan las personas que me comprenden, me escuchan o me ayudan cuando cometo un error.
    • Me gustan las personas que se muestran vulnerables, cuando yo lo hago, en lugar de presumir sus fortalezas.

Si te a parecido interesante este artículo, también te gustaran…

te puede interesar de nuestra tienda…

CD Shakti Mantras

MP3 Shakti Mantras

Artículos Relacionados

Te ha gustado el artículo? Compártelo en redes sociales!
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePin on PinterestDigg thisShare on LinkedInShare on TumblrShare on RedditBuffer this pagePrint this page