Aunque existen tratamientos naturales para la depresión, los antidepresivos pueden ser a veces necesarios cuando la persona atraviesa una depresión mayor. Vamos a examinar qué son los antidepresivos, qué hacen y qué tipos de antidepresivos son los mejores y más seguros.

Antidepresivos: Tipos, Qué Son y Qué Hacen

 

Los antidepresivos son fármacos que, en según qué casos, pueden resultar muy beneficiosos. De hecho, la la gente tiene miedo de “engancharse” a los antidepresivos cuando, en realidad, otros fármacos mucho más consumidos como los ansiolíticos, generan mucha más dependencia.

En este reportaje te explicamos qué son los antidepresivos, los tipos de antidepresivos que existen, cuáles son los que mejor resultados dan y qué hacen exactamente los antidepresivos en el organismo.

¿Antidepresivos o tratamiento natural?

Obviamente, si nos seguís, sabréis que somos partidarias, ante todo, de restablecer las funciones del organismo ante cualquier enfermedad de forma natural. Observamos los fármacos con bastante recelo y opinamos que hay que usarlos con mucha precaución y solo cuando son necesarios.

La medicina natural es maravillosa pero es cierto que hay veces, sobre todo cuando la vida corre peligro, en que los fármacos son, no solo una buena alternativa, sino la más recomendable.

En el caso de la depresión, precisamente, los antidepresivos pueden jugar un papel muy beneficioso. Si simplemente estamos tristes o atravesamos una mala época, hay formas menos agresivas de mejorar el estado de ánimo que tomar antidepresivos (consulta tratamiento natural de la depresión). Pero cuando se trata de una depresión mayor en la que la bioquímica cerebral tiene disyunciones graves, los antidepresivos son una magnífica opción, sobre todo cuando existe riesgo de suicidio o cuando la persona se siente completamente incapaz de salir adelante.

¿Cuándo son necesarios los antidepresivos?

Por desgracia, todavía existe mucho desconocimiento sobre las enfermedades mentales o disfunciones de la bioquímica cerebral, pero no tienen nada de diferente de otro tipos de disfunciones en el organismo.

Mucha gente se resiste a poner remedio a las depresiones simplemente por creen que los demás van a pensar que están locos o porque les avergüenza reconocer que son incapaces de superar su tristeza. Pero una depresión es mucho más que sentir tristeza.

Del mismo modo que sería absurdo pretender superar una diabetes solo con la intención, cuando existe en el cerebro una mala gestión bioquímica, es absurdo pretender mejorarla solo con la intención. Hay que poner remedio activo.

Nuestra opinión sobre los fármacos es que no deben tomarse como caramelos, ni mucho menos. Deben tomarse solo cuando son necesarios. Opinamos que los tratamientos naturales son los que, en realidad y a largo plazo, son capaces de curar el origen de la enfermedad pues, sea cual sea la enfermedad, el origen es siempre el mismo: un desequilibrio en el organismo. Pero ¿por qué renegar de los avances tecnológicos cuando nos pueden servir momentáneamente? Cuando la vida corre peligro, entonces los fármacos nos pueden dar la oportunidad de facilitarnos el camino, al menos mientras estemos en el momento de crisis aguda.

¿Qué hacen los antidepresivos?

Tanto si se trata de una depresión endógena (factores internos) como exógena (provocada por factores externos como un trauma emocional, un despido, la muerte de una ser querido, una separación etc), el resultado en el cerebro es el mismo: un desequilibrio fisiológico.

La serotonina y otros neurotransmisores son los encargados de proporcionarnos placer y está relacionada con el sueño, el hambre, el deseo y, en general, la felicidad. Cuando tenemos una depresión, estos neurotransmisores dejan de funcionar bien y como resultado observamos la realidad de manera poco objetiva (se pierden las ganas de vivir, pensamos que no seremos capaces de salir adelante, ya no tenemos fuerzas, etc). Pero no es algo que dependa de nuestra voluntad (igual que ocurre con cualquier otra enfermedad), es algo que no se puede evitar puesto que (a no ser que se tenga mucha experiencia en meditación y en control de la mente), lo más normal es que la bioquímica sea más fuerte que nuestra voluntad o deseo de mejorar.

Lo que hacen los antidepresivos es restablecer las funciones primordiales de los neurotransmisores de manera que, aunque nuestros problemas no se van a resolver tomando antidepresivos, sí nos dan la oportunidad de observar la realidad desde un punto de vista más objetivo y sereno para tomar después las decisiones más apropiadas.

Tipos de antidepresivos

Es cierto que los antidepresivos son un tipo de fármaco bastante reciente (nacieron hace unos 50 años) y desde entonces han evolucionado bastante. Siempre da cierto miedo tomar sustancias cuyo impacto en la salud a largo plazo se desconoce, pero ante una crisis vital, mejor eso que nada.

Existen en le mercado varios tipos de antidepresivos:

    • Antidepresivos tricíclicos: Poseen un efecto sedante y ansiolítico pero tienen bastantes efectos secundarios (sequedad de boca, estreñimiento, temblores, sudación, aumento de peso e hipotensión) y son peligrosos en caso de: hipertensión ocular, retención urinaria, hipotensión y trastornos del ritmo cardíaco.
    • Antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): Cada vez se recetan menos por su toxicidad y por su complejidad de administración. Pueden provocar graves crisis de hipertensión cuando se consumen con alimentos como queso, cerveza o pescado azul.
    • Antidepresivos selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): Son los más utilizados por su efectividad y seguridad. Tienen pocos efectos secundarios y se toleran bastante bien. Su función es hacer que haya más serotonina disponible. Los más populares son: fluoxetina, citalopram, fluvoxamina, paroxetina y sertralina.
 

Cómo tomar antidepresivos

    • Los antidepresivos jamás deben ser autoadministrados; debe ser un o una profesional de la psiquiatría quien lo prescriba, teniendo en cuenta el historial clínico del o la paciente (y el tiempo que debe tomarlo).
    • Es importante saber que los antidepresivos tardan en hacer efecto entre 2 y 3 semanas. Los síntomas de ansiedad e insomnio aparecen antes, pero el verdadero efecto del antidepresivo ocurre unas semanas después de haberlo empezado a tomar.
    • Al contrario de lo que ocurre con los ansiolíticos o fármacos para la ansiedad, los antidepresivos (especialmente los ISRS) no producen dependencia. 
    • Uno de los efectos secundarios más notables de los antidepresivos son los temblores en las manos o el otra parte del cuerpo.
    • Mientras se toman antidepresivos cuando son necesarios, conviene seguir una dieta desintoxicante para ayudar al hígado a eliminar el efecto tóxico de los fármacos. Además, también conviene aplicar otra serie de terapias suaves para complementar el tratamiento y ayudar a nuestro organismo a restablecerse como el descanso, helioterapia, hidroterapia, masajes, acupuntura, psicoterapia, etc.

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