Confiar en el propio criterio es uno de los pasos clave para tomar decisiones y aceptarlas sin mirar atrás y sin sufrir innecesariamente. Te hablamos de algunos trucos imprescindibles a la hora de tomar decisiones.

6 Trucos para Tomar Decisiones Acertadas

Hay personas a las que les cuesta poco decidirse sobre cualquier asunto, ya sea el asunto trascendente o superficial. Pero hay otras a las que decidirse entre dos o varias opciones les cuesta un verdadero derroche de energía y, muchas veces, se quedan sufriendo entre Pinto y Valdemoro, en un querer y no poder que no lleva a ninguna parte.

Retrasar una decisión importante puede llegar a hacernos sufrir considerablemente. Si eres de esa clase de personas, te sugerimos algunos trucos para tomar decisiones acertadas con la esperanza de que alguno de ellos te resulte práctico.

1.  Confía en tu criterio

Muchos manuales y publicaciones hablan de decisiones “correctas” o “incorrectas”. Nuestra opinión es que todos los caminos llevan a alguna parte y que, incluso lo que consideramos un “error”, ha sido imprescindible para llegar al punto en el que nos encontramos hoy.

Por lo tanto, ¿puede llamarse “error” a tal circunstancia? Por supuesto que no. Todo lo que vivimos y todas las decisiones que hemos adoptado en la vida, nos han convertido en la persona que somos hoy, y eso es perfecto.

Así pues, a la hora de tomar una decisión importante, lo primero que hemos de hacer es confiar en nuestro criterio y no sufrir pensando si nos vamos o no a equivocar. Es importante reconocer que, a lo largo  de nuestra vida, hemos tomado las decisiones que en cada momento hemos considerado correctas, con la información que teníamos y ahora será igual. No sirve de nada culparse; todo el mundo hace lo que puede y lo que considera oportuno con la información que tiene en ese momento.

2.  Elige el momento adecuado

¿Es bueno retrasar una decisión? ¿Es bueno esperar a ver si la vida nos da una señal? Pues depende, como todo.

En el caso de una persona en exceso indecisa, a la que le cuesta asumir responsabilidades, que suele nadar entre dos aguas por no enfrentarse a una situación, por miedo o cobardía… evitar la decisión, probablemente, no será positivo. Posponer eternamente una decisión es una forma de eludir la responsabilidad y eso merma la autoestima, pues dejarlo todo en manos del azar o de la vida implica que, en el fondo, no nos sentimos capaces de dirigir nuestra propio camino.

Pero, en cambio, una persona en exceso responsable, que necesita tenerlo todo bajo control, que toma decisiones con excesiva rigidez… quizá a esta persona le vendría bien tomarse una vacaciones y dejarse llevar un poco más por la vida.

Todo es relativo. Cada persona tiene su propio ritmo interior. Lo más coherente es, sin duda, adoptar las decisiones teniendo en cuenta cuál es nuestra lección a aprender (cada cual tiene la suya). Es decir, tomar las decisiones en el momento en que consideremos oportuno, poniendo en la balanza los pros y los contras de retrasar la decisión.

3. Reconoce tu primera impresión

Tomar decisiones a lo loco, en un momento de “calentón” pude no ser lo más prudente. Sin embargo y, aunque conviene observar la situación con serenidad mental, sí es importante, según nuestro criterio, escuchar esa “primera impresión” y tenerla en cuenta.

Los momentos de “calentón” nos dan una información muy valiosa sobre lo que sentimos, y lo que sentimos nos da una información muy valiosa sobre quiénes somos y qué queremos en verdad, más allá de los personajes que nos vamos fabricando a lo largo de la vida para “encajar” en nuestro entorno.

Muchas veces acallamos nuestra voz interna porque escucharla resulta demasiado doloroso, porque escucharla y hacernos caso implicaría tomar decisiones difíciles o porque la cobardía se nos apodera y pensamos que silenciándola todo será más fácil.

Ese furor momentáneo es un grito desesperado de nuestra voz interna. Por supuesto, si dejamos que se calme conseguiremos mayor serenidad pero también corremos el riesgo de acallar la voz dejándonos seducir por la opinión de otros, por las conveniencias, por los actos automáticos, por el miedo, etc.

Sí, mejor tomar las decisiones importantes en un momento de serenidad, pero sin olvidar en absoluto lo que la voz interna nos ha gritado en el primer momento.

4. Cuando no escuches tu voz interior, usa el péndulo

A veces, estamos tan sumidos en el personaje que hemos fabricado, que olvidamos cómo escuchar nuestra voz interior. Damos tanta credibilidad a los argumentos que nos hemos repetido durante toda la vida que escuchar la intuición resulta un asunto harto complicado.

Si este es tu caso, vamos un sugerirte un pequeño truco: usa un peńdulo. El péndulo es una magnífica herramienta para esos momentos en los hay tanto ruido mental que nos hemos perdido por completo.

El péndulo es una piedra (una piedra semipreciosa, cualquiera que te guste: ágata, cuarzo, o cualquiera) unida a una cadena. Se coge la cadena por la parte superior, dejando que la piedra cuelgue y se mueva con libertad.

Antes de usarlo, tendrás que decidir qué significa para ti “si” y qué significa para ti “no”. Por ejemplo, si la piedra se mueve de atrás hacia adelante será “sí” y si se mueve de izquierda a derecha será “no”. O, si gira en el sentido de las agujas del reloj será “sí” y si gira al contrario será “no”.

Una vez decidido, el trabajo con el péndulo se hace así:

    • Coge la cadena por la parte superior, dejando que la piedra cuelgue libremente
    • Espera a que se pare del todo
    • Haz tu pregunta en voz alta
    • Espera y deja que tu mano mueva el péndulo de manera inconsciente (nuestro consejo es que cierres los ojos para no saber hacia dónde se está moviendo y que así no puedas interceder conscientemente).
    • Abre los ojos y comprueba cuál es el movimiento del péndulo
    • ¡Ya tienes tu respuesta!

El péndulo no es un asunto de magia ni nada parecido. Se trata simplemente de dejar que nuestra mente inconsciente hable a través del movimiento involuntario de la mano. Tu mano moverá levemente el péndulo, pero como estás con los ojos cerrados, en realidad no sabrás hacia dónde se está moviendo.

Este es uno de nuestros trucos favoritos… siempre tenemos a mano un péndulo para saber qué dice nuestra voz interior. ¡Pruébalo! Terminarás cogiéndole mucho cariño :)

5. Cuando la razón se líe, usa el cuaderno

Si, además de tener claro cuál es intuición sobre la decisión acertada, también quieres tener claro de forma racional cuáles van a ser los pros y los contras, escribirlos en un cuaderno te ayudará a despejar las ideas.

Por ejemplo, podrías escribir distintas listas:

    • Pros de la opción A
    • Pros de la opción B
    • Contras de la opción A
    • Contras de la opción B
    • Consecuencias de la opción A
    • Consecuencias de la opción B

Lo más probable es que, al final, hagas lo que te nazca del corazón sin que esas razones dirijan tus decisiones (sería lo más saludable), pero escribir en un papel, seguramente, te removerá cosas por dentro y eso te ayudará a escuchar tu corazón palpitar en una u otra dirección.

6. Los pasos a seguir: Intuición, razón y renuncia

Decidir es renunciar. Cuando nos decidimos entre dos opciones, estamos ganando una y perdiendo otra y esto ocurre todos los días a todas horas con pequeñas y grandes decisiones.

Nuestra sugerencia es que, cuando llegue el momento de decidir algo importante, sigas estos pasos:

    • Escucha bien tu primer impulso
    • Tómate tu tiempo para serenarte y mirar con perspectiva
    • Confía en ti, en tu criterio y en la vida
    • Echa mano de la razón para organizar los cambios oportunos de la forma más asertiva posible
    • Acepta perder aquello que no has elegido
    • No mires atrás; tu elección, sí o sí, es la acertada en este momento

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